El Perú no clasifica a los mundiales, pero sí lidera un campeonato inédito: el Mundial de las excusas. Aquí no necesitamos delanteros goleadores, basta con tener un repertorio inagotable de frases recicladas. Mientras otros países fabrican jugadores, nosotros producimos justificaciones en serie, como si fueran camisetas truchas en Gamarra. Y lo más triste: cada derrota trae la misma conferencia de prensa, como si hubiéramos contratado al mismo guionista desde hace 40 años.
El libreto arranca siempre con el clásico: “matemáticamente aún tenemos chances”. Esa frase es el respirador artificial de la ilusión nacional. Traducción real: estamos eliminados, pero todavía podemos torturar a la calculadora con ecuaciones delirantes. Porque aquí, el gol se marca en Excel, no en el arco.
Después llega la joya literaria: “daremos vuelta la página”. El problema es que ese libro ya debería llamarse Enciclopedia Peruana de la Eliminación. Cada página es idéntica: cero goles, cero ideas y el mismo final infeliz. Lo irónico es que parece una saga infinita: Harry Potter terminó en siete tomos, pero nuestras derrotas ya van por el volumen cuarenta.
El técnico, disfrazado de mártir, suelta la infaltable: “yo me hago responsable”. Una responsabilidad gaseosa, tan liviana que se evapora antes de llegar al vestuario. Jamás viene con renuncia, jamás trae cambios, solo sirve para la foto y el titular. Es el “copy paste” favorito de cada DT que se va directo a firmar con otro club tras fracasar.
La conspiración internacional tampoco falta: “el árbitro se parcializó”. Porque claro, la FIFA, la Conmebol y hasta la NASA tienen un plan secreto para arruinarnos. Jamás escucharemos: “no marcamos a nadie” o “fallamos 5 goles hechos”. No, el culpable siempre es el silbato, nunca la mediocridad.
El césped también paga los platos rotos: “el campo estuvo en pésimas condiciones”. Parece que el pasto tiene un pacto satánico contra nosotros. Lo curioso: el rival jugó en el mismo potrero, pero igual nos metió tres goles con lujos incluidos.
El mantra más poético es “merecimos un mejor resultado”. Frase digna de epitafio nacional. Porque acá no ganamos partidos, ganamos diplomas de participación. El “casi” es nuestro verdadero trofeo, el que exhibimos con orgullo en cada conferencia.
Y como broche de oro: “en el fútbol siempre hay revanchas”. Claro, revanchas que llegan cada cuatro años para repetir la misma tortura. Es un loop infinito, como escuchar un cassette viejo con la misma canción desafinada: esperanza barata y frustración garantizada.
Lo peor: este idioma se exportó al resto del país. El ministro que fracasa también “da vuelta la página”. El político que mete la pata “se hace responsable”. Y la obra que nunca se termina culpa a “las condiciones del campo”. El fútbol peruano no exporta jugadores, pero sí frases que infectan a la política, la economía y hasta a las excusas de pareja.
Más que un sistema táctico, tenemos un sistema retórico: jugamos con cuatro defensas de excusas, cuatro mediocampistas de victimismo y dos delanteros de resignación. Mientras otros países levantan trofeos, nosotros levantamos micrófonos. El único título que nos pertenece es el Guinness de frases por minuto en cada derrota.
Reflexión final
El verdadero Mundial ya lo ganamos: el de las excusas. Nadie nos lo quita. Algún día, tal vez, el Perú cambie este diccionario por victorias reales. Pero mientras tanto, seguiremos siendo invictos en lo único que sabemos hacer mejor que nadie: perder partidos, pero ganarlos en la conferencia de prensa. Porque aquí los goles escasean, pero las excusas… esas sí juegan tiempo completo, suplementario y hasta penales.
