Aeropuerto: cobro de 12 dólares a pasajero internacional en tránsito

El nuevo Aeropuerto Internacional Jorge Chávez debía ser el símbolo de la modernidad peruana. Pero terminó siendo otra estafa disfrazada de progreso: un hangar con pretensiones, un monumento al desorden, y ahora, una máquina de cobrarle al ciudadano por sus propios padecimientos. A partir del 27 de octubre, Lima Airport Partners (LAP) aplicará un nuevo cobro —12 dólares por pasajero internacional en tránsito— bajo la elegante etiqueta de Tarifa Única de Uso de Aeropuerto (TUUA). En buen castellano: pague por el privilegio de sufrir.

La ironía es brutal. Un aeropuerto que no tiene accesos terminados, que colapsa con el primer vuelo de la mañana, donde los baños aún huelen a inauguración improvisada, decide subir tarifas. Un aeropuerto donde las luces parpadean más que los radares y donde el pasajero se siente en un depósito de carga, tiene el descaro de cobrar más. LAP justifica el nuevo cobro como un “ajuste operativo”. En realidad, es una bofetada al usuario que soporta el desastre de una obra pública que costó más de 2.000 millones de dólares y aún parece un proyecto en beta.

El problema no es solo la empresa, sino la complicidad de siempre: el Ministerio de Transportes, Ositran, y ese Estado decorativo que firma concesiones como si firmara autógrafos. Todos aplauden el “avance” del aeropuerto mientras miran hacia otro lado. Son los mismos que prometieron “el más moderno de Sudamérica” y entregaron una caja gris con wifi intermitente. Lo único realmente moderno es su descaro: el aeropuerto no despega, pero ya factura.

La vieja costumbre peruana se repite: primero te venden el sueño, luego te cobran por la pesadilla. Nos dijeron que el nuevo Jorge Chávez sería un hub de clase mundial. Lo que tenemos es un centro comercial con alas: tiendas de lujo, precios internacionales y servicios tercermundistas. Mientras tanto, el pasajero debe pagar la “tarifa única” por usar instalaciones que ni siquiera funcionan bien.

Y lo más grotesco: el gobierno calla. Como si cobrarle más al ciudadano fuera parte de la política de conectividad nacional. Ni el Congreso, ni el MTC, ni la Defensoría del Pueblo se indignan. Quizás porque, para ellos, volar no es un sacrificio: lo hacen con viáticos, salas VIP y pasajes pagados por todos.

El nuevo Jorge Chávez es la metáfora perfecta del Perú actual: una obra millonaria que luce bien en los renders, pero que en la realidad huele a improvisación, abuso y desdén. LAP cobra, el gobierno asiente, y el pasajero paga. Así funciona el “progreso” en versión peruana.

Reflexión final:
Un aeropuerto que no despega, pero sí cobra; un Estado que no regula, pero sí protege al concesionario; y un ciudadano que paga por respirar. Esa es la verdadera “puerta de entrada al Perú”: un país donde la mediocridad tiene pista libre y el abuso despega a diario sin turbulencias.

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