Infantino quiere cambiar el calendario a partir del Mundial 2030

Gianni Infantino volvió a la tarima con una idea “revolucionaria”: mover el Mundial de fecha porque el verano derrite a jugadores y negocio. El diagnóstico es correcto —hace calor y cada vez hará más—, pero la receta es puro maquillaje: si el clima molesta al Excel, cambiamos el calendario. No el formato obeso, no la saturación de torneos, no la huella de un circo global que viaja más que un cometa. Todo igual, salvo el mes.

La FIFA viste de “flexibilidad” lo que es simple oportunismo. Se ignora lo elemental: el calendario está roto porque se multiplicaron partidos, ventanas, giras y “competiciones premium” que exprimen a los jugadores como si fueran baterías recargables. ¿Calor extremo? En lugar de reducir carga, proteger la salud y elegir sedes resilientes, se propone mover estaciones como muebles de oficina.

La lógica es invariable: inflar el producto, saturar la agenda, chocar con la realidad climática… y vender la mudanza como innovación. Afectados, los de siempre: futbolistas que pierden descanso y pretemporada; ligas medianas comprimidas hasta lo grotesco; selecciones menores empujadas a ventanas absurdas; y aficionados convertidos en consumidores cautivos de precios dinámicos y calendarios imposibles. La “fiesta del fútbol” se convierte en un itinerario corporativo con el planeta como backstage.

La coartada meteorológica olvida causas hechas por la propia industria: elegir sedes en zonas de riesgo térmico, diseñar formatos con 48 o 64 selecciones y más de 100 partidos, construir estadios que requieren aire acondicionado para no freír a nadie y luego culpar al termómetro. Si el clima es el problema, la solución empieza por menos encuentros, límites de carga (28 días de descanso + 28 de pretemporada), pausas térmicas obligatorias, techos y drenajes a la altura del siglo XXI, y un calendario que deje de castigar a quienes sostienen el espectáculo.

“Optimizar” sin tocar la matriz es pedirle al verano que se porte bien. Mientras se negocia la mudanza, se mantiene la maquinaria que añade copas, ligas de naciones, supermundiales de clubes y ventanas comerciales rebautizadas como “progreso”. Al final, el balón rueda donde diga el balance trimestral: julio, noviembre o martes a medianoche.

Cambiar la fecha del Mundial no es un plan: es un parche con eslogan. La gobernanza real sería fijar límites, recortar inventos, priorizar salud y calidad sobre cantidad, y elegir sedes que no requieran milagros tecnológicos para que 22 personas respiren. Mover el mes y mantener la obesidad del calendario es como bajar el brillo de la pantalla para negar el incendio.

Reflexión final
El fútbol necesita estaciones propias: descanso, preparación, competencia y pausa. Si la FIFA sigue curvando el tiempo para que cierre la caja, tendremos más torneos y menos juego. Desde La Caja Negra lo decimos sin rodeos: el calendario debe cuidar el deporte y a su gente, no al plan de negocios. De lo contrario, el día que el balón ruede no será por pasión, será por programación. Y ese gol no se celebra: se factura.

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