José Jerí, un presidente fabricado por la crisis política

El Perú amaneció con un nuevo presidente y la misma desesperanza. Cayó Dina Boluarte, destituida por “incapacidad moral permanente”, y en su lugar asumió José Jerí Oré, un congresista que representa más de lo mismo: cálculo político, mediocridad institucional y una clase dirigente que gobierna sin rumbo ni vergüenza. Mientras el Congreso celebra su “victoria democrática”, las calles siguen tomadas por el crimen organizado. En este país, el poder no cambia de manos, solo cambia de cómplices.

Jerí llega al poder no por mérito, sino por descarte. Asciende como resultado del derrumbe de un sistema político podrido que produce presidentes como si fueran productos en serie: sin legitimidad, sin liderazgo y sin moral. Promete orden, pero proviene del mismo Congreso que desordenó al país. Habla de estabilidad, pero está investigado por corrupción. Dice ser “moderado”, pero asume gracias a una vacancia hecha a la medida del oportunismo. En el Perú, el guion se repite con precisión quirúrgica: primero la indignación, luego el reemplazo, y finalmente, el olvido.

Mientras tanto, el país real se desangra. Las mafias mandan, la policía no tiene patrulleros, los barrios viven sitiados por extorsionadores y la gente sobrevive entre miedo y rabia. El Estado ha desaparecido. No hay autoridad que inspire respeto ni gobierno que merezca confianza. En cada esquina hay un cobro de cupo, una balacera, un secuestro. Y frente a eso, el flamante presidente ofrece lo de siempre: promesas técnicas, comisiones, y silencios. No se gobierna con PowerPoint, señor Jerí, se gobierna con coraje y verdad.

La gente ya no cree en nadie. Ni en el Congreso, ni en la justicia, ni en la policía. Los peruanos saben que detrás de cada discurso hay un negocio, y detrás de cada “reforma” un cálculo electoral. El país no necesita más transiciones; necesita una refundación. Pero eso no lo hará un Congreso que se aferra al poder como si el Perú le perteneciera. Jerí, al igual que sus antecesores, llega con fecha de vencimiento.

El nuevo presidente asume un país devastado, con el Estado colapsado y la delincuencia controlando más territorio que la propia policía. No basta con discursos de calma mientras la población vive aterrada. Si Jerí no actúa con firmeza, su gobierno será tan efímero como el de Merino y tan vacío como el de Boluarte. El Perú no soporta otro ensayo político más.

Reflexión final
José Jerí encarna la ironía nacional: un presidente sin legitimidad intentando rescatar a un país sin esperanza. Su verdadero enemigo no es la oposición ni la prensa, sino la desconfianza de un pueblo que ya no tolera mentiras. Si continúa la indiferencia, el Perú no necesitará otro golpe ni otra vacancia: bastará con que la gente decida no obedecer más. Porque cuando un Estado deja de proteger, el pueblo deja de creer. Y cuando el pueblo deja de creer, el poder ya no sirve para gobernar, solo para huir.

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