José Jerí: 83% de desaprobación y cero crédito político

El Perú volvió a encender el piloto automático… y a bajar un piso más. Con 83% de desaprobación en su gestión congresal, José Jerí estrena la presidencia como quien hereda un local en llamas: sin agua, sin mangueras y con el público ya gritando “¡evacuación!”. No es relevo ni renovación; es la misma crisis con otro rótulo. Si el sistema elige por descarte, gobiernan los descartables; si no hay legitimidad, solo queda administrar el caos con pose y conferencias.

La mochila no podría pesar más. Jerí no arranca de cero: ocho de cada diez peruanos ya lo reprobaron en el Congreso, y la banda no convierte un suspenso en diploma. A eso se suma un archivo fiscal exprés de una denuncia gravísima: no hubo exculpación, hubo “falta de indicios suficientes”. Jurídicamente, cierre; éticamente, signo de interrogación en neón. El expediente puede dormir, pero la confianza no sueña.

Mientras tanto, el país opera con normas de la mafia: extorsión como peaje, sicariato como aviso y “cupo” como contrato. La Policía pide chalecos y patrulleros, y recibe discursos. El Ministerio Público reclama datos y coordinación, y obtiene fotos. El Poder Judicial necesita órdenes rápidas y trazabilidad, y oye promesas. Llamar a esto “guerra al crimen” sin inteligencia financiera, trazabilidad de explosivos y combustible, bloqueo real de chips y articulación PNP–Fiscalía–PJ es vender humo… del tóxico.

El soporte político, además, es un salvavidas con costo: gobierno congresal que normalizó el canje normativo, el populismo presupuestal y las prórrogas que blanquean ilegalidad. Si Jerí quiere autoridad, debe empezar por lo que el Congreso no hace: decir no. No a la “cédula viva” fiscalmente inviable. No a la prórroga eterna del REINFO que convierte la informalidad en autopista. No a la demagogia previsional que papelea el futuro de la Generación Z. No a los “acuerdos” que se firman con tinta y se cobran en efectivo.

La foto en Pamplona Alta fue impecable: sirenas, humo, verbo solemne. La política, en cambio, invisible. Seguridad no es conferencia: es homicidios a la baja, extorsión con capturas en serie, redes financieras desmanteladas, comisarías abastecidas y órdenes judiciales en horas, no semanas. Todo lo demás es gestión por gesto: impacta un día, agrava al siguiente.

Jerí comienza con un pasivo triple: rechazo social, dudas éticas y un soporte parlamentario que cobra al contado. Con ese lastre, el tiempo de gracia no llega ni a gracia ni a tiempo. O entrega resultados medibles —no powerpoints— en 90 días (extorsión -20%, homicidios -15%, 100 equipos integrados PNP–Fiscalía operando 24/7, trazabilidad de insumos en marcha, compras urgentes de protección y movilidad para comisarías) o quedará como otro presidente interino de un país interino.

Reflexión
La gobernabilidad no es un himno; se audita. Se cuenta en noches sin balas, buses sin “cupo”, mercados sin granadas. El poder sin legitimidad es silla prestada; el poder sin resultados, silla vacía. Si José Jerí no rompe el triángulo que alimenta el incendio —impunidad, clientelismo y cálculo— su 83% no será un dato: será epitafio. Y el Perú, otra vez, buscará en la calle lo que la política le niega en Palacio.

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