Estado de emergencia no funciona: siete muertos en cuatro días

Cuatro días de estado de emergencia y siete asesinatos después, la conclusión es incómoda y obvia: la medida del presidente José Jerí no salva vidas; salva titulares. Lima y Callao amanecen con militares en las esquinas, pero Carabayllo, Rímac, San Juan de Lurigancho y el Callao cuentan muertos. Ya lo vimos con Dina Boluarte: prohibiciones y sirenas sin estrategia. Cambian las vocerías; persiste el vacío.

El parte es demoledor. Un alférez PNP, Jhordy Stainer Escobedo Mori, acribillado en su auto en Carabayllo. Horas después, otro asesinato en el mismo distrito. En el Rímac, Jesús Rojas Barbarán recibe cinco disparos junto a una obra. En SJL, madre e hija apuñaladas por resistirse al robo. En el Callao, Lesly Tejada cae camino al trabajo; por la noche, balas contra una combi dejan un chofer muerto, un pasajero herido y una nota extorsiva de “Los Chukis”. Entre tanto, balaceras en Ventanilla y Constanzo. ¿Qué cambió con la “ofensiva”? El encuadre de la foto.

El menú oficial repite platos recalentados: controles de identidad, fuerzas combinadas, apagón en celdas, prohibición de dos en moto. Mucho operativo, cero columna vertebral. La delincuencia no teme a los cordones; teme a la inteligencia. Sin un plan integral —que siga el dinero, no las motos— la emergencia es un megáfono sin batería. El país necesita: 1) mando único real (PNP, FF.AA., INPE, Migraciones, SUNAT y UIF en un gabinete operativo diario); 2) prisiones blindadas con bloqueo auditado y aislamiento de cabecillas; 3) equipos mixtos PNP–Fiscalía–UIF con metas de 72 horas para congelar activos y abrir extinción de dominio; 4) protección de testigos y fiscales; 5) tablero público de indicadores por distrito (extorsiones, capturas, condenas, decomisos, tiempos de respuesta); 6) prevención territorial (paraderos, mercados, conciertos) con anillos antiextorsión y recompensas que se paguen de verdad.

Decir “emergencia” para disuadir protestas y no para desarticular redes es marketing de crisis, no seguridad pública. Si la primera reacción del Gobierno es el despliegue y no el método, la segunda reacción del crimen será más violencia. Lo advirtieron especialistas: sin inteligencia, se provoca a las bandas y se expone a la población.

La emergencia es un puente: si al otro lado no hay plan, se vuelve precipicio. Jerí debe presentar en cadena nacional un cronograma de 90 días con metas semanales, responsables con nombre y apellido y presupuesto asignado. Sin eso, no hay “ofensiva”: hay pose.

Reflexión final
La Caja Negra sostiene una regla simple: la vida primero, el dato después, el discurso nunca. Presidente Jerí, gobierne con método —y a la vista— o admita que hoy solo hay contabilidad de muertos. Porque sin plan, no hay seguridad: hay duelo programado. Y en tres días, el programa ya va por siete.

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