Cuando un regulador llega con el extintor después del incendio, no es regulador: es cronista. Indecopi “alerta” revisiones para más de mil autos Nissan, Hyundai, Toyota y Jeep (modelos 2023–2024) por defectos que pueden provocar accidentes. Bienvenidos al recall a la peruana: el fabricante avisa, el Estado asiente, el consumidor reza por una cita en taller.
Las fallas no son cosméticas. Nissan Qashqai (1.252 unidades): posible ensamblaje incorrecto de conexiones de batería y riesgo de sobrecalentamiento. Hyundai Santa Fe MX5 (336): cableado del piso y bisagras de la segunda fila que pueden interferir con el plegado y afectar airbags. Toyota Corolla Cross (103): fuerza indebida en el montaje del eje palier con potencial pérdida de tracción. Jeep Wrangler Rubicon (4): conexión intermitente en faros antiniebla traseros que reduce visibilidad. Todo eso en autos nuevos. Y, sin embargo, Indecopi actúa como megáfono tardío de las marcas, no como auditor incómodo que verifica, cruza y sanciona.
El problema es de sistema: no existe una interoperabilidad obligatoria con el MTC para impedir transferencias o revisiones técnicas sin constancia de reparación; no hay tablero público con VIN, avance de atención y plazos por concesionario; no hay multas progresivas por informar tarde o por campañas que se alargan ad infinitum; no hay inspecciones aleatorias que obliguen a las marcas a tomarse el mercado peruano tan en serio como los del norte. Indecopi publica PDFs; las marcas habilitan call centers; el usuario queda en la fila, con la seguridad convertida en trámite.
La captura cultural es evidente: el regulador celebra “cooperación voluntaria” donde debería exigir cumplimiento verificable. Si el costo de fallar es un comunicado y cero sanción, el incentivo es ahorrar hoy y corregir mañana. El consumidor se entera cuando el auto ya rueda, la falla ya existe y el riesgo ya es suyo.
Nissan, Hyundai, Toyota y Jeep tienen la obligación de corregir rápido y bien; Indecopi, la de obligarlas. Mientras el Estado sea corista del recall y no director de orquesta, la seguridad seguirá tercerizada a la paciencia del propietario y al humor del concesionario. Un regulador sin dientes es un accesorio, no un freno.
Reflexión final
La protección al consumidor no es “difusión de alertas”: es métrica, trazabilidad y sanción. Transparencia VIN-a-VIN, bloqueo de trámites hasta reparar, auditorías técnicas independientes y multas indexadas al riesgo. Si Indecopi quiere dejar de llegar tarde, que publique el cronómetro, nombre a quien incumple y cobre por cada día de demora. Lo demás es ruido de motor… hasta el próximo choque.
