Ollas comunes en crisis exigen reunión urgente con José Jerí

Mientras las ollas comunes hacen malabares con S/2 por persona, desde Palacio se anuncian fotos, promesas y parches trimestrales. La Red de Ollas exige mesa urgente con José Jerí y advierte lo obvio: con transferencias de emergencia por tres meses no se cocina dignidad ni se sostiene a 4.500 organizaciones que alimentan a familias enteras. Si la prioridad es visitar cárceles y comisarías, la realidad en los comedores se resume en una palabra: desabastecimiento.

La ayuda anunciada —S/20 millones— es plata sobrante, no política pública. Se agota en diciembre y deja enero con el mismo vacío: raciones recortadas, desayuno y cena suspendidos, colas más largas y proveedores que “ajustan” precios sin rubor. ¿Cómo se alimenta a un país con S/2 por beneficiario cuando la FAO habla de estándares que multiplican esa cifra?.

La aritmética no miente: si el Estado cubre menos del 30% del costo real, el 70% lo ponen mujeres que organizan rifas, “recuperan” alimentos de mercados y estiran lo imposible. Ese heroísmo cotidiano no puede seguir sustituyendo decisiones.

Para colmo, el circuito de compras municipales se atraca: licitaciones tardías, fondos que corren riesgo de revertirse y sobreprecios que duplican el valor de insumos básicos. Sin vigilancia, el hambre paga comisión. La Red propone algo elemental: presupuesto suficiente y estable (S/6 por persona), transferencia directa y trazable mediante tarjetas de compra, rendición mensual digital, y acompañamiento técnico que vuelva a pisar barrio. No es inventar la pólvora; es cerrar filtraciones, cortar la intermediación inútil y devolver velocidad a un programa que vive corriendo detrás de la necesidad.

Jerí conoce el diagnóstico. Falta la decisión que cuestione inercias, rompa favoritismos y ordene prioridades: primero el plato, luego la foto. Una mesa de trabajo sin presupuesto ni cronograma es un comedor vacío con acta firmada.

Si no se formaliza por ley un piso presupuestal real, con metas trimestrales de cobertura, compras oportunas y fiscalización activa (Contraloría y Midis en campo, no en comunicados), el parche de hoy será la crisis de mañana. El estándar mínimo es claro: S/6 por beneficiario, transferencia directa, auditoría de precios y sanción ejemplar a quien encarezca artificialmente la canasta. Lo demás es administrar carencias.

Reflexión final
El hambre no espera agenda. Las ollas comunes sostienen la paz social con cucharas, no con discursos. José Jerí debe sentarse ya, firmar presupuesto estable y transparentar cada sol. Donde falla la política, manda la necesidad; y la necesidad, a diferencia de la retórica, siempre llega a la hora del almuerzo.

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