En el Perú de las colas infinitas, la salud pública ya no pide paciencia: exige testamento. Mientras los usuarios de EsSalud barajan la idea de migrar al SIS como quien busca aire en una habitación cerrada, las autoridades juegan al cambio de sillas. Antes con Dina Boluarte y ahora con José Jerí, la promesa es la misma: “estamos trabajando”. El problema es que los pacientes también “están esperando”… y algunos mueren en el intento.
La alerta no viene de un rumor de pasillo: Jorge Zapata Ríos, presidente de la Confiep, ha puesto números a la urgencia. Citas que tardan hasta 105 días —endocrinología como ejemplo sangrante— y 42 mil personas en lista de espera para operaciones. Equipos inoperativos, escasez de medicamentos, colas que doblan la esquina y una certeza hiriente: “cada día sin atención es una vida en riesgo”. Doce millones de asegurados merecen algo mejor que un sistema convertido en tómbola.
La inestabilidad agrava el cuadro: cinco cambios en la presidencia ejecutiva de EsSalud bajo el gobierno de Boluarte pulverizaron cualquier continuidad; Jerí recibe, pues, un incendio activo. Encima, el presupuesto 2025 —unos S/ 18 mil millones— se modificó con el voto de solo dos de ocho directores. ¿Sin sustento técnico sólido? Eso huele a discrecionalidad, y la discrecionalidad es la sombra donde prospera la corrupción. No es menor que el 72% de los ingresos de EsSalud provenga de la formalidad empresarial: quienes pagan exigen transparencia y resultados, no discursos.
La consecuencia es grotesca: trabajadores piden salir de planilla para acceder al SIS, porque EsSalud no sostiene diagnósticos de alto costo. Si para salvar la vida hay que renunciar a la formalidad, el sistema ya fracasó. Programas esenciales como PADOMI y Farmacia Vecina tambalean, y con ellos la mínima dignidad de los adultos mayores y pacientes crónicos.
El sector salud debe ser declarado en emergencia nacional y EsSalud intervenido con un plan de 30-60-90 días: auditoría independiente del presupuesto, tablón público de tiempos de espera y stock de medicamentos, estabilización meritocrática de la alta dirección y metas verificables por mes. Menos visitas a comisarías para la foto y más recorridos no anunciados por hospitales.
Reflexión final
La salud no es un trámite; es la frontera entre vivir y despedirse. El país no necesita más promesas: necesita plazos, responsables y consecuencias. Si la cita tarda 105 días, la rendición de cuentas debe llegar en 24 horas. Y esta vez, con nombres y resultados en la mano.
