Las aerolíneas están cancelando vuelos de conexión en Perú

El Perú acaba de inventar la tarifa por existir en escala. Se llama TUUA de transferencia y se cobra en el Aeropuerto Jorge Chávez, ese hangar que alguna vez prometieron convertir en el “hub de Sudamérica” y que hoy se parece más a un terminal de buses con pretensiones. El país donde los políticos inauguran maquetas y las concesionarias cobran por fantasmas acaba de romper un récord: hacer pagar al pasajero por pasar, sin moverse, sin servicio y sin vergüenza.

LATAM suspendió cuatro rutas internacionales en protesta: Orlando, Curazao, Florianópolis y Tucumán, sumadas a La Habana, cancelada antes por inviabilidad, y a Cancún, que SKY eliminará en 2026. En otras palabras: el “hub” de Lima se está quedando sin vuelos. Mientras el resto de la región compite bajando tasas para atraer aerolíneas, el Perú sube tarifas para espantar pasajeros. Y el MTC mira desde la tribuna, como si el caos fuera parte del plan maestro.

LAP, la concesionaria que juró entregarnos un aeropuerto de “estándar mundial”, responde con una joya: “no es un cobro nuevo, está en el contrato”. Claro, como si los contratos se firmaran para justificar abusos y no para servir al público. ¿De qué sirve un contrato que convierte al usuario en contribuyente cautivo de una pista incompleta? Congelan la TUUA “temporalmente”, pero solo para ganar tiempo, no para reconocer el absurdo. Porque en el Perú, lo temporal suele ser eterno, y lo absurdo, política de Estado.

El aeropuerto más importante del país sigue sin una terminal funcional, con un solo acceso saturado y servicios que avergonzarían a un país que se respete. Pero aun así, quieren cobrar al pasajero por el privilegio de esperar. Y luego hablan de “hub”, de “competitividad” y de “atracción de inversiones”, mientras los vuelos se van, las aerolíneas se hartan y los peruanos siguen financiando promesas incumplidas con cada boleto.

La TUUA de transferencia no es una tarifa: es un símbolo. Representa al Estado que no gobierna, al privado que solo recauda y a la ciudadanía que paga sin chistar. Es la metáfora perfecta de nuestro modelo: un hangar que se vende como aeropuerto y un país que cobra por lo que no entrega.

Reflexión final
La lucha contra el abuso comienza donde termina la resignación. No hay “hub” ni “competitividad” posibles en un país que normaliza la estafa con recibo. Si Jorge Chávez quiere ser el centro de algo, que empiece por ser un aeropuerto. Porque hoy, Lima no conecta al mundo: lo espanta.

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