Sancionarán a productora por cancelación del ‘Overpass Lima’

La cancelación de Overpass Lima no es un tropiezo: es el retrato de un mercado del espectáculo que se acostumbra a cobrar primero y explicar después. La productora promocionó un festival histórico; cuando el castillo de promesas se vino abajo, dejó a miles con entradas inútiles y respuestas gaseosas. Indecopi anuncia que “evalúa medidas” y abre expediente de oficio. Tarde y con gerundios. La defensa del consumidor no es un hilo de Twitter: es el deber de llegar antes de que el daño se consuma.

The Hub comunicó por historias que el artista principal faltó y que un seguro No Show—ese salvavidas que supuestamente protegía al público—no aplicó. Entre tecnicismos y silencios, los consumidores siguen atrapados en un limbo: dinero inmovilizado, correos sin retorno, plazos difusos. El espectáculo quedó en la nada, pero la caja quedó hecha. Ese desequilibrio es la esencia del abuso: el riesgo se traslada por completo al público mientras la empresa conserva el control de la narrativa y del dinero.

Indecopi, convertido en despertador tardío, anuncia “medidas adicionales”. Bien, pero el papel del regulador no es administrar lamentos: es blindar el proceso desde la preventa. No puede volver a ocurrir que un evento de alto impacto se sostenga en pólizas opacas y contratos que el público no ve. Si la autoridad quiere recuperar credibilidad, debe imponer un estándar inequívoco: fondos de entradas retenidos en garantía, pólizas validadas previamente y devoluciones automáticas cuando el show no se ejecuta. Sin vueltas ni laberintos.

También hay responsabilidades privadas que no admiten maquillaje. Una productora que aspira a traer figuras internacionales tiene que acreditar solvencia, plan de contingencia real y comunicación trazable; no historias que se borran a las 24 horas. Y las marcas que prestan su logo a estos festivales deben hacerse cargo de la reputación que avalan: no se puede celebrar la preventa y desaparecer cuando llega la hora de devolver.

Overpass Lima es un parteaguas. Si se permite que las devoluciones se diluyan en promesas, el mensaje será contundente: en el Perú es más fácil vender ilusiones que asumir responsabilidades. La ley no admite interpretaciones caprichosas: sin servicio, devolución total y oportuna.

Reflexión final
La cultura merece escenarios; el consumidor, respeto. Que esta vez Indecopi no se conforme con sancionar al final: que construya reglas que impidan el abuso desde el principio. Porque la confianza, cuando se cancela, también exige reembolso.

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