Primer mes: José Jerí gasta más de S/169 mil en alimentación

José Jerí asumió el 10 de octubre prometiendo “contundencia” contra el crimen y eficiencia en la gestión. Contundencia hubo, pero en la despensa de Palacio: S/169,499.44 en alimentación solo en octubre, el mayor gasto del año. Si el primer gesto es un menú abundante, el mensaje es claro: prioridades bien servidas… para adentro.

Los datos de SEACE/OSCE analizados por Juan Carbajal no admiten alegorías: S/31,573.50 en carne de res, vísceras y cerdo; S/30,712 en abarrotes; S/24,980.85 en verduras; S/20,036.40 en aves; y una guarnición de frutas, panes, envasados y bebidas. Octubre superó a agosto y febrero, y dejó lejos a julio, el mes más austero. ¿Transición? Sí. ¿Racionalidad y ejemplo? No.

Jerí no puede tercerizar este costo político. Es su firma la que inaugura la etapa y su equipo el que autoriza pedidos, volúmenes y proveedores. Si el presidente exige a policías, militares y alcaldes “compromiso adicional” para ganar la “guerra contra la delincuencia”, ¿por qué el “compromiso adicional” no empieza en Palacio? Austeridad es política de seguridad: cada sol mal priorizado es un uniforme sin chaleco, una posta sin insumos, una escuela sin techos dignos.

Peor aún: el gasto en alimentación convive con una curva ascendente de remuneraciones y obligaciones sociales del Despacho Presidencial desde 2023–2024, que 2025 consolida. Entre 2014 y 2022 hubo estabilidad (S/14–16 millones); ahora la tendencia es al alza. El argumento de “necesidades operativas” ya es un comodín cansado. Gobernar es elegir: o se recorta lo accesorio o se continúa alimentando la percepción —justificada— de un Estado que se sirve primero y rinde cuentas después.

La pedagogía del ejemplo importa. En un país donde la extorsión dicta horarios y la justicia acumula papeles, el presidente tenía una oportunidad simbólica: ordenar un “plan cero despilfarro” en su propia casa. Eligió otra cosa. Y el símbolo también cuenta.

Nadie discute la legalidad de comprar alimentos; se discute la decencia de hacerlo en récord el mes del debut presidencial. Exigencia mínima para Jerí: auditoría pública de cada contrato, metas de ahorro trimestrales con topes por rubro, publicación de consumos y licitaciones en formato abierto, y reasignación inmediata de ahorros a seguridad, salud y educación. Sin medidas verificables, todo queda en retórica.

Reflexión final
El liderazgo se prueba en la lista de compras. Si octubre fue el banquete, noviembre debe ser la dieta de la burocracia y diciembre la rendición de cuentas. Presidente Jerí: el país no necesita más “contundencia” en la mesa, sino prioridades en el presupuesto. Empiece por la suya.

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