El Perú tiene un talento especial para convertir lo excepcional en permanente. La extensión indefinida del Reinfo es prueba viva de ello: un mecanismo creado como tránsito hacia la formalización minera que terminó transformándose en su propio laberinto. Mientras el Congreso vuelve a prorrogarlo con entusiasmo digno de mejores causas, los gremios advierten que esta decisión puede costarle al país sanciones, mercados y reputación. Pero, como siempre, nuestros políticos parecen más interesados en mantener incendios controlados que en apagarlos.
La Comisión de Energía y Minas acaba de aprobar otra ampliación del Reinfo hasta diciembre de 2027. Con 17 votos a favor, el Estado peruano reafirma su política no escrita: cuando una norma fracasa, no se corrige; se extiende. Y si el Tribunal Constitucional declara ese sistema un “rotundo fracaso”, pues mejor: que siga respirando por decreto.
El sector privado prende las alarmas porque no estamos hablando de un tema técnico, sino de la columna vertebral de nuestra canasta exportadora. La Comunidad Andina ya advirtió que el Perú vulnera la normativa regional al mantener un sistema que “favorece la expansión de la minería ilegal”. No es poca cosa: se trata de riesgos reales de sanciones y restricciones comerciales, justo cuando nuestras exportaciones necesitan más competitividad, no menos.
El panorama empeora: sin trazabilidad, sin control ambiental y con un Reinfo que funciona como escudo de impunidad, nuestros productos mineros pueden quedar bajo sospecha internacional. Y en un mundo obsesionado con los estándares ESG, la palabra “ilegal” es suficiente para cerrar puertas.
El Tribunal Constitucional también aporta lo suyo: exhorta a detener este “eterno proceso de formalización” que, irónicamente, formaliza cualquier cosa menos la minería. Pide un régimen serio, permanente, responsable. Pero el Congreso decide lo contrario. Y el Ejecutivo mira desde la tribuna, prometiendo “coordinaciones interinstitucionales” que ya suenan a frase en piloto automático.
Mientras tanto, la minería ilegal continúa expandiéndose, la institucionalidad ambiental retrocede y el Perú juega con fuego en plena vitrina internacional. Lo que está en riesgo no es solo la reputación del país, sino empleos, ingresos y toda una estructura económica que depende de la confianza externa.
Reflexión final
El Reinfo nació como una solución temporal. Hoy es un retrato perfecto del Estado peruano: incapaz de cerrar procesos, rápido para postergar decisiones e indiferente al costo de sus propias contradicciones. Si la ampliación avanza, no será solo un retroceso en la lucha contra la minería ilegal: será una señal más de que seguimos prefiriendo la informalidad como política pública. Y esa factura, tarde o temprano, siempre llega… con intereses.
