El Senamhi lanza una alerta nacional: el Perú registra niveles de radiación ultravioleta entre “alto” y “extremadamente alto” en costa, sierra y selva, con una alerta roja activa en 16 regiones y temperaturas de “moderada a extrema intensidad”. Se advierte a la población que use sombrero, bloqueador, lentes y evite el sol entre las 9 a. m. y las 4 p. m. Todo correcto… sobre el papel. La pregunta incómoda es otra: ¿qué hace el Estado, más allá de repartir recomendaciones, frente a una amenaza permanente de salud pública?.
Por zonas, el diagnóstico es claro: en la costa, radiación entre “alto” y “extremadamente alto”; en la sierra, “muy alto” y “extremadamente alto” por la altitud; en la selva, entre “alto” y “muy alto”. En Lima, el norte y el este están entre “muy alta” y “extremadamente alta”, mientras el oeste y el sur soportan niveles “altos” y “muy altos”. Y esto, advierte el Senamhi, empeorará con la llegada del verano y la casi nula nubosidad del mediodía.
La respuesta oficial se resume en la misma lista de siempre: gorros de ala ancha, ropa de manga larga, protector solar frecuente, nada de sol en horas punta. Pero detrás de esa lista hay un país profundamente desigual. Para millones de trabajadores que hacen taxi, delivery, construcción, comercio ambulatorio o agricultura, “evitar el sol entre las 9 y las 4” es simplemente imposible. Y el bloqueador solar, en una economía golpeada, es un lujo recurrente, no un derecho garantizado.
Mientras tanto, las campañas de prevención son esporádicas, sin continuidad ni presupuesto suficiente. No hay política pública agresiva para regular precios de fotoprotectores, obligar a que los colegios cuenten con sombra real en patios, exigir infraestructura urbana con techos, alamedas y refugios del sol, ni fortalecer seriamente la detección temprana de cáncer de piel en la red pública de salud. El mensaje es perverso: la radiación es “extremadamente alta”, pero la respuesta del Estado sigue en modo “moderadamente insuficiente”.
La radiación UV no es un fenómeno nuevo. Lo que sí es escandalosamente nuevo es la capacidad de mirar hacia otro lado cuando la ciencia te dice, con claridad, que estás exponiendo a millones de personas a quemaduras, envejecimiento prematuro, cataratas y cáncer de piel sin herramientas reales para protegerse.
Reflexión final
Si el Estado se limita a recomendar sombrilla mientras el país arde, lo que se está normalizando no es el calor, sino la desprotección. Defender la ética y la justicia hoy implica asumir que la radiación UV extrema es un problema de derechos humanos: el derecho a la salud, a la ciudad, al trabajo digno y a un entorno que no te queme la piel por ser pobre y tener que vivir, literalmente, bajo un sol que el Estado dejó sin sombra.
