Mario Vizcarra a favor de legalizar consumo de drogas y el aborto

En un país donde buena parte del Congreso legisla mirando de reojo a los sectores más conservadores, que un precandidato presidencial plantee legalizar drogas, defender el aborto y respaldar abiertamente los derechos de la comunidad LGBTI rompe el libreto. Mario Vizcarra ha decidido entrar de frente a los debates que la política peruana suele eludir o maquillar. La cuestión no es si sus posiciones generan polémica —es evidente que sí—, sino por qué el Estado y el sistema político siguen atrapados en la doble moral y el cálculo electoral.

Cuando Vizcarra afirma que podría legalizar incluso la cocaína como parte de una estrategia contra la violencia del narcotráfico, toca un nervio expuesto. El Perú convive con economías ilegales que financian campañas, corrompen policías, penetran gobiernos regionales y controlan territorios. Sin embargo, el foco suele quedarse en el “pecador” de la esquina y no en las cadenas de lavado, los operadores políticos o los grandes beneficiarios del negocio. Legalización, regulación, salud pública: palabras que obligan a mirar hacia arriba, no solo hacia abajo.

En materia de aborto, su postura de dejar la decisión en manos de la mujer —incluidos los casos de violación— confronta el discurso de quienes se declaran “provida” mientras el Estado abandona a niñas abusadas, mujeres pobres sin acceso a servicios y víctimas que cargan solas con la culpa y el silencio. Defender el derecho a decidir no es promover abortos, sino reconocer que criminalizar no evita la práctica, solo la vuelve más peligrosa e injusta.

Sobre la comunidad LGBTI, Vizcarra cuestiona directamente los intentos legislativos por restringir derechos e identidades. En un contexto donde se inventan amenazas imaginarias para justificar recortes de libertad, recordar que el Estado debe ser laico y garante de igualdad resulta casi subversivo. No se trata de imponer una moral “progre”, sino de impedir que una moral privada capture las leyes de todos.

Las propuestas de Vizcarra pueden generar adhesiones o rechazos, pero por fin colocan sobre la mesa asuntos que el país viene postergando décadas. Lo verdaderamente alarmante no es que un candidato hable de drogas, aborto o diversidad; lo alarmante es que el resto de la clase política prefiera seguir administrando el miedo antes que discutir con evidencias y enfoque de derechos.

Reflexión final
Si el Perú quiere tomarse en serio la justicia, la libertad y la dignidad, tendrá que dejar de esconder estos debates detrás de consignas vacías. Más allá de Mario Vizcarra, lo que está en juego es si permitiremos que la política siga secuestrada por prejuicios y oportunismos, o si exigiremos un Estado que legisle para personas reales, con vidas reales, y no para la tranquilidad de las tribunas más ruidosas.

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