La última encuesta nacional urbana de CPI, difundida por RPP, no solo muestra quién encabeza la intención de voto, sino algo mucho más grave: casi la mitad del electorado no quiere a nadie. Entre blancos, viciados, ausentes y quienes aún no deciden, el 49,9% del país está huérfano de opción a cuatro meses de las Elecciones Generales 2026. Y eso dice más de la clase política que de las encuestas.
Según CPI, Rafael López Aliaga lidera con 12,5% de intención de voto a nivel nacional urbano, seguido por Keiko Fujimori con 7,6% y Mario Vizcarra con 6,7%. Más atrás aparecen el comediante Carlos Álvarez (4,2%), César Acuña (2,8%), José Luna (2,1%), Carlos Espá (2%), Alfonso López Chau (1,8%), George Forsyth (1,4%), Fernando Olivera (1,4%), Phillip Butters (1,1%) y “otros” con 6,4%. Fuente: encuesta CPI para RPP, noviembre 2025.
La foto es elocuente: nadie pasa del 12,5%. El “liderazgo” es, en realidad, un primer lugar con techo bajísimo, sostenido más en el rechazo a los demás que en un entusiasmo propio. Mientras tanto, el 19,2% declara que votará en blanco, viciado o no irá a votar, y un 30,7% aún no decide. Es decir, el “no candidato” le gana, por goleada, a cualquier rostro en la boleta.
La democracia peruana entra así a una elección crucial con una baraja marcada: apellidos reciclados, caudillos sin partidos reales, improvisados mediáticos y antiguos operadores del poder presentados como “lo nuevo”. No extraña que la reacción ciudadana sea la distancia, el escepticismo o el voto de protesta. Lo preocupante es que esa desafección termina dándole más poder a minorías organizadas que sí irán a votar disciplinadamente por intereses muy concretos.
Hay otro dato que no conviene olvidar: se trata de una muestra urbana, 1 200 entrevistas presenciales entre el 26 y 30 de noviembre, margen de error de ±2,8% y nivel de confianza de 95,5%. Ficha técnica que los políticos suelen citar cuando los favorece y relativizar cuando los desploma.
Que el “no sé / nadie / ninguno” supere de largo a cualquier candidatura revela un sistema de representación agotado. Los partidos no han sabido construir proyectos, ni formar cuadros, ni ofrecer algo más que slogans en oferta. Si no hay cambios de fondo, terminaremos eligiendo otra vez entre lo menos malo, pero con una legitimidad aún más frágil.
Reflexión final
Las encuestas no eligen presidentes, pero sí desnudan humores y desconfianzas. Que casi la mitad del país no tenga candidato es una señal roja: o la clase política se toma en serio la tarea de reconstruir confianza, ética y proyecto de país, o las Elecciones 2026 serán apenas otro trámite formal para administrar el mismo desgobierno de siempre, esta vez con un mandato todavía más débil. El voto sigue siendo poder; lo que está en juego es si lo usaremos para resignarnos… o para empezar a cambiar las reglas del juego.
