Foto: RPP
La salida de Phillip Butters de Avanza País no es solo el fin de una precandidatura presidencial. Es la primera baja oficial de la carrera hacia el 2026 y, al mismo tiempo, un síntoma de algo más profundo: partidos sin estructura, sin rigor y sin capacidad mínima para sostener una campaña seria. Esta vez, más allá de lo que se piense del personaje, el diagnóstico que deja al irse es demoledor para la clase política.
En su carta y en sus declaraciones públicas, Butters fue claro: no hay organización, no hay control, no hay rigor, no hay financiamiento suficiente. En otras palabras, no hay partido. Lo que debería ser una maquinaria política en pleno armado de cuadros, planes de gobierno y estructura territorial, parece más un cascarón improvisado que se prende a última hora a la ola electoral.
Cuando el propio precandidato admite que “no existe la organización, el control ni el rigor mínimo que el Perú merece para encarar una campaña seria”, no solo está justificando su renuncia: está describiendo a buena parte del sistema partidario. Avanza País no es la excepción; es el espejo. Vientres de alquiler, direcciones disputadas, pugnas internas, acusaciones cruzadas de traición, “soberbias” y cálculos personales completan el cuadro.
Del otro lado, César Combina responde acusando a Butters de “traicionar al partido” y se presenta como el salvador que “puede pasar la valla y salvar Avanza País”. El foco no está en el país, ni en un proyecto serio de reformas, sino en la supervivencia electoral de la marca. La discusión gira en torno a quién se queda con el vehículo, no a quién tiene la mejor propuesta para sacarnos del caos.
La renuncia llega, además, después de episodios de fuerte rechazo social, como la visita a Puno que terminó con protestas, huevos, piedras y resguardo policial. Ese choque con una ciudadanía indignada revela otra grieta: la distancia entre ciertos discursos mediáticos y el país real, el que carga muertos, pobreza y frustración acumulada.
Que la primera baja presidencial del 2026 se produzca por falta de estructura y seriedad interna dice mucho del tipo de partidos que hoy aspiran a gobernarnos. La fragilidad no está solo en los nombres, sino en las organizaciones que los sostienen: débiles, personalistas, sin arraigo ni proyecto consistente.
Reflexión final
La democracia no se construye con improvisaciones ni con partidos que se arman como estudios de televisión: rápido, para la siguiente temporada. La salida de Butters no es un episodio aislado, es una advertencia. Si los partidos no son capaces de garantizar ni siquiera el rigor mínimo para una campaña, ¿cómo podrían garantizar el rigor que el país exige para gobernar? La primera baja del 2026 no debería celebrarse ni lamentarse: debería servir para abrir los ojos sobre el tipo de política que seguimos tolerando.
