Elecciones 2026: 38 partidos y la política al borde del descrédito

Foto: Infopress

El JNE oficializó 38 partidos aptos para inscribir candidatos rumbo al 12 de abril de 2026. En teoría, pluralidad democrática. En la práctica, una vitrina saturada donde el exceso de oferta no mejora el producto: lo vuelve sospechoso. La señal más clara de este deterioro no viene de los comunicados oficiales, sino del ciudadano común: casi el 50% de electores no sabe por quién votar cuando falta poco. No es ignorancia. Es la consecuencia lógica de una política que se presenta como alternativa, pero se comporta como negocio.

El cronograma exige inscribir candidaturas hasta las 23:59:59 del 23 de diciembre. La precisión del reloj contrasta con el desorden moral de los partidos. ¿Qué se está legalizando como “normal”? Que una candidatura presidencial se defina por sorteo, lanzando una moneda, como ocurrió en Salvemos al Perú. Cara o sello. Así, sin rubor. Y luego los mismos actores piden confianza, como si la seriedad se pudiera improvisar en campaña. Si un partido no puede resolver un empate con legitimidad política, ¿cómo pretende resolver una crisis de seguridad, economía o salud?.

Y cuando uno piensa que nada puede ser más alarmante, aparece el caso de Acción Popular: elecciones internas declaradas nulas por padrón adulterado, delegados legítimos reemplazados, mesas invalidadas. Lo grave no es solo el vicio; es el mensaje: los partidos siguen tratando el voto como un trámite manipulable. Y la institucionalidad responde con otra confesión incómoda: no se puede retroceder porque “afecta el cronograma”. Es decir, el calendario pesa más que el derecho. La forma se impone sobre la justicia, y se nos pide aplaudirlo como orden.

Mientras tanto, el escenario se llena de renuncias, videos, acusaciones y amenazas de denuncias contra el propio sistema electoral. La política peruana no compite por quién tiene mejores propuestas, sino por quién sobrevive al escándalo de la semana. En ese teatro, los temas reales —corrupción, violencia, racismo, colapso de servicios— se usan como decorado, no como agenda.

Con 38 partidos, el país no tiene más democracia: tiene más fragmentación y menos claridad. La cantidad sirve para confundir, no para representar.

Reflexión final
El 12 de abril no puede ser una ruleta. Si los partidos convierten la democracia en sorteo y padrón adulterado, el ciudadano debe convertir el voto en auditoría: exigir equipos, planes verificables y ética mínima. Porque cuando la política se degrada, la democracia no estalla: se pudre lentamente.

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