Foto: Infobae
El Senamhi emitió alerta roja por temperaturas extremas, vientos fuertes y alta radiación ultravioleta en casi 20 regiones de la sierra. El aviso es claro y con fechas: del sábado 20 al lunes 22 de diciembre. Lo que no es claro —ni visible— es la respuesta del Estado. Porque en el Perú, la prevención suele quedarse en la publicación: se informa el peligro, pero se terceriza la protección en la ciudadanía.
La radiación UV no es un “detalle climático”, es un factor de riesgo serio y, en condiciones de sierra, puede ser más agresivo por la altitud y la escasa nubosidad. Su impacto no es simbólico: quemaduras en minutos, deshidratación, golpes de calor, irritación ocular, y a mediano plazo mayor probabilidad de cataratas y cáncer de piel. Decir “evite exponerse al sol” como única estrategia es como enfrentar un incendio con un consejo: suena responsable, pero no protege a nadie.
Una alerta roja exige algo más que recomendaciones genéricas. Exige gestión preventiva. Y ahí el Estado suele fallar con una precisión dolorosa: comunica, pero no coordina; advierte, pero no despliega; recomienda, pero no garantiza. Si el riesgo es extremo, ¿dónde están los planes operativos para colegios, trabajadores al aire libre, adultos mayores y comunidades rurales? ¿Dónde están las acciones inmediatas para asegurar puntos de hidratación, campañas rápidas de protección solar realista (sombreros, bloqueador en lugares donde no llega), turnos y horarios ajustados, y vigilancia reforzada ante incendios?
Lo crítico es que la alerta no sorprende a nadie: el pronóstico es público, las regiones están identificadas y el periodo está delimitado. Por eso, cuando el Estado no actúa, no es por falta de información; es por falta de decisión y capacidad. Y cuando la prevención falla, el costo se cobra en salud, productividad, agricultura y seguridad. Luego vendrán las fotos, los balances y los “vamos a evaluar”. El libreto de siempre: reaccionar tarde y llamar “fenómeno” a lo que ya estaba advertido.
La alerta roja no se emite para llenar titulares, sino para activar respuestas concretas. Si el Estado se limita a “informar” y no convierte el aviso en acciones verificables, la emergencia deja de ser solo meteorológica: se vuelve institucional.
Reflexión final
La radiación UV es silenciosa y letal en su acumulación: quema sin pedir permiso y deja secuelas sin anunciarse. Un Estado que solo emite comunicados también es silencioso en lo esencial: no previene. Y cuando la prevención no existe, la pregunta final no es climática, es política: ¿quién responde por los daños que pudieron evitarse?.
