Tos ferina: 49 niños muertos en Loreto y un Estado incapaz

En Loreto, la tos ferina avanza como si el Estado no existiera. Y, por momentos, parece que no existe. Mientras los brotes se multiplican en zonas de difícil acceso y la cifra de 49 niños fallecidos en 2025 golpea como un parte de guerra, el país sigue en piloto automático y el gobierno de José Jerí actúa como si su misión fuera una sola: llegar al 28 de julio de 2026 con la banda intacta, aunque el país se desarme por dentro.

La tos ferina no es un misterio clínico ni un fenómeno inevitable. Es una enfermedad prevenible, altamente contagiosa, letal en menores pequeños cuando no hay vacunación efectiva, diagnóstico oportuno, antibióticos a tiempo, referencia rápida y capacidad real de respuesta en territorio. Lo que falla no es la ciencia. Lo que falla es el Estado.

Los reportes regionales describen un escenario que debería activar una intervención inmediata y sostenida: miles de casos, brotes notificados en provincias, y focos que se expanden en cuencas y comunidades donde “llegar al hospital” es un lujo geográfico. En la cuenca del Chambira, por ejemplo, se habla de expansión rápida, con niños que mueren antes de alcanzar atención especializada. ¿Qué hace el Estado frente a eso? Envía brigadas que no cubren todo, discute papeles para declarar emergencias y permite que la burocracia avance más rápido que la enfermedad. Es el modelo peruano: cuando la vida se apaga, el trámite se enciende.

Y mientras Loreto pide respuesta, el país ve otra película: Jerí visitando cárceles, comisarías, regiones y escenarios con alta densidad de cámaras. Es la política convertida en vitrina: fotos, recorridos, frases, portadas. Mucha “presencia” y poca conducción. En salud, eso se traduce en lo más grave: ausencia de un plan integral de mitigación para una epidemia que ya dejó decenas de niños muertos. Si esto no merece prioridad nacional, ¿qué la merece? ¿Un acto protocolar más? ¿Una agenda “variada”? ¿Un titular amable?

La historia reciente agrava la indignación: Castillo abrió el boquete, Boluarte lo amplió y Jerí administra el derrumbe como quien cuida que el edificio caiga después de la mudanza. Y en ese intervalo, la tos ferina no espera elecciones ni juramentaciones: solo necesita que el Estado siga ausente.

No estamos ante una “crisis sanitaria regional”. Estamos ante un Estado que llega tarde, incompleto y sin decisión. Loreto necesita intervención real: más brigadas, vacunación efectiva, logística, transporte sanitario, abastecimiento y mando claro. No discursos.

Reflexión final
La tos ferina está haciendo lo que el Estado no hace: llegar a donde tiene que llegar. Y cuando un país acepta que mueran niños por una enfermedad prevenible mientras su gobierno solo “resiste hasta julio”, la pregunta no es sanitaria: es moral. ¿Quién gobierna cuando el Estado elige mirar a otro lado?.

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