Tos ferina en Loreto: mueren niños y el Estado sigue ausente

Foto: Infobae.

En Iquitos no protestan por política: protestan porque sus hijos están muriendo. Madres indígenas urarinas llegaron al Gobierno Regional con carteles y lágrimas para exigir una emergencia sanitaria en la cuenca del río Chambira. Hablan de decenas de niños fallecidos por tos ferina y de comunidades sin puestos de salud, sin personal permanente y sin medicinas. Frente a eso, el Estado responde con su verbo favorito: “coordinaciones”. Y mientras “coordina”, la tos ferina avanza.

La tos ferina no es un misterio: se previene con vacunas, se controla con vigilancia, se atiende con antibióticos y soporte oportuno. Lo que falta no es ciencia, es presencia. En el Chambira, lo que hay es distancia, ríos en vaciante, transporte imposible y un sistema que obliga a elegir entre esperar o despedirse. “Nuestros hijos se están muriendo lejos de todo”, dicen las madres, y esa frase describe la verdadera geografía del Perú: un país que se acuerda de la Amazonía para la foto, pero no para el presupuesto.

El reclamo tiene nombre y monto: denuncian que apenas se destinó S/150 mil para atender a unas 8 mil familias. Si eso es cierto, no es respuesta: es una cifra para cumplir, no para salvar. También advierten que enviaron alertas, videos y reportes desde hace más de una semana sin una acción proporcional. En el Perú, la urgencia solo se vuelve real cuando llega a Lima; cuando ocurre río adentro, se convierte en expediente.

Y en medio de esta escena, José Jerí visita Iquitos y las comunidades afirman que no se ejecutó nada efectivo en territorio. El problema no es la visita: es la ausencia de plan. No hay una estrategia visible hasta el 28 de julio de 2026, y mucho menos un plan de choque para una emergencia que mata niños. El país está en piloto automático y la salud —en Loreto y a nivel nacional— se está acostumbrando a colapsar sin escándalo oficial. El Estado parece haber normalizado lo intolerable: que la muerte indígena sea un dato, no un límite.

Las organizaciones exigen lo elemental: declaratoria de emergencia, presencia del ministro, brigadas permanentes, vacunas y medicinas suficientes, transporte para evacuaciones, control y seguimiento para cortar la transmisión. No piden lujo: piden que el Perú sea un solo país y no una suma de zonas olvidables.

Cuando una madre debe viajar hasta una oficina para pedir que no se le muera otro hijo, el sistema ya falló.

Reflexión final
La tos ferina no está “ganando”: lo que gana es la indiferencia. Un Estado que llega tarde no solo pierde tiempo; pierde legitimidad. Y si la vida de los niños urarinas no es prioridad, entonces la palabra “República” es solo un rótulo en el mapa.

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