(Foto: Página 77). Según la encuesta nacional de Datum Internacional para El Comercio, el hecho más positivo del 2025 para los peruanos fue la vacancia de Dina Boluarte (29%). Y el hecho más negativo fue el incremento de la delincuencia (37%), seguido por la extorsión a transportistas (14%). Si ese es el “resumen emocional” del año, no estamos ante una anécdota estadística: estamos ante un diagnóstico. Un país que celebra una destitución como logro y sufre el crimen como rutina no está avanzando; está buscando aire.
Que una vacancia sea “lo mejor” no convierte a la política en heroína: la deja desnuda. Lo que la encuesta de Datum Internacional muestra es que el ciudadano no premió una reforma ni una gestión; premió un alivio. No es que el Perú se volvió exigente: se volvió fatigado. Cuando el Estado decepciona tanto, la gente baja la vara y agradece que, al menos, alguien se vaya.
La mordacidad está en lo que eso implica: la institucionalidad ya no genera esperanza, genera desgaste. La vacancia, que debería ser un mecanismo excepcional, terminó percibiéndose como el único botón que “funciona” cuando todo lo demás falla. Así de precaria se siente la democracia: no por falta de leyes, sino por falta de autoridad legítima, competencia y resultados.
Pero el reverso es todavía más grave. Si la delincuencia fue lo peor del 2025 para el 37%, significa que el miedo no fue un episodio: fue el marco del año. Y no hablamos de una sensación abstracta, sino de un país donde extorsión y violencia condicionan mercados, transportes, colegios y calles. El Estado, que debería monopolizar la protección, aparece como espectador tardío; las redes criminales, en cambio, actúan con método, control territorial y capacidad de intimidación.
Entonces el 2025 se entiende en una frase: se cambió de rostro en el poder, pero no se recuperó el control de la vida cotidiana. La salida de Boluarte fue un respiro político; el crimen siguió siendo una asfixia social. La encuesta no relata solo preferencias: revela un país que ya no evalúa gobierno por obras, sino por cuánto daño deja de hacer, y por cuánto miedo logra (o no) contener.
El balance que deja Datum Internacional para El Comercio es lapidario: se celebró una destitución y se padeció una calle tomada. Eso no es normalidad democrática; es alerta institucional.
Reflexión final
Un país no debería agradecer como “lo mejor del año” que alguien se vaya. Debería exigir que alguien gobierne. Y un país donde la delincuencia es “lo peor” de manera persistente está diciendo algo más profundo: el Estado está perdiendo el rol básico que justifica su existencia. Si el 2026 repite esta lógica —alivios políticos sin seguridad real— seguiremos sobreviviendo con encuestas, mientras el crimen sigue gobernando con hechos.
