EsSalud colapsa: sin citas, sin medicinas y sin especialistas

(Foto: Perú 21). La salud en el Perú no está “en crisis”: está en unidad de cuidados intensivos. Y lo escandaloso no es solo el colapso de EsSalud; es la normalización del colapso. Asegurados que esperan dos, tres y hasta cuatro meses por una cita. Farmacias sin medicamentos esenciales. Pacientes trasplantados dependiendo de un fármaco crítico como el Tacrolimus y escuchando la frase más peligrosa en medicina: “no hay”. En un país decente, esto sería emergencia nacional. Aquí es rutina. Y esa rutina tiene responsables.

La gente no protesta por capricho. Protesta porque el sistema los empuja a elegir entre esperar enfermos o endeudarse en una clínica privada. La escena se repite: citas reprogramadas, falta de médicos, ventanillas saturadas y un sistema rígido que castiga al paciente con una frialdad burocrática. Si llegas 30 minutos tarde, pierdes el turno y vuelves a la fila del mes siguiente. Pero si EsSalud te reprograma sin aviso, no pasa nada. El ciudadano paga el costo de la “disciplina”; la institución no paga el costo de su incompetencia.

Y cuando el problema no es la cita, es el medicamento. El desabastecimiento de Tacrolimus no es un detalle administrativo: es un riesgo directo para la vida de personas trasplantadas. Sin ese tratamiento, el cuerpo puede rechazar el órgano. ¿Qué significa que falte? Significa que el Estado juega a la ruleta con pacientes que ya sobrevivieron a lo peor. Se anuncian “lotes”, “apoyos temporales”, “coordinaciones” y “llegadas” como si fueran logros. No lo son. Son parches presentados como victoria, mientras el paciente vive con incertidumbre.

El fondo es la gestión: compras tardías, logística quebrada, contratación insuficiente, infraestructura al límite. Pero arriba, en la cima política, la respuesta parece ser la misma de siempre: declaraciones, promesas y una administración que reacciona cuando el escándalo se vuelve inevitable. José Jerí y su ministro de Salud no pueden seguir comportándose como comentaristas de una tragedia que les compete dirigir. El gobierno no está para “acompañar” el problema, está para resolverlo.

Lo más indignante es el cinismo institucional: se habla de “reformas” mientras la gente se enferma esperando. Se habla de “eficiencia” mientras el asegurado camina con exámenes postergados. Se habla de “cobertura” mientras el hospital se queda sin personal suficiente y el sistema se sostiene por cansancio de quienes aún trabajan.

EsSalud colapsa porque el país tolera que la salud sea tratada como trámite. Y porque el poder político administra el desastre en vez de enfrentarlo con un plan real: personal, abastecimiento, citas, logística y control.

Reflexión final
Una nación se retrata en cómo cuida a sus enfermos. Hoy el Perú se retrata mal: con pacientes esperando meses, medicamentos faltando y autoridades mirando el calendario. Si Jerí solo piensa en llegar al 28 de julio de 2026, que recuerde algo: la salud no espera. Y cuando el Estado abandona al paciente, lo que se rompe no es solo un sistema: se rompe la confianza, y con ella, la idea misma de justicia.

Lo más nuevo

Artículos relacionados