Gobiernos Regionales crítican a José Jerí por inseguridad en el país

(Foto: Radio Nacional). Pataz no “explotó” por sorpresa. Pataz simplemente mostró lo que el país viene soportando: territorios donde manda la economía ilegal, donde la violencia resuelve disputas y donde el Estado aparece tarde, o no aparece. La Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales (ANGR) lo dijo sin rodeos: “lo sucedido en Pataz no es un caso aislado”, sino el resultado de la ausencia de una estrategia eficaz del Ejecutivo frente a la inseguridad. Y cuando los propios gobiernos regionales —que también cargan responsabilidades— le enmiendan la plana al Gobierno Nacional, el mensaje es brutal: no hay conducción.

José Jerí ha tenido tiempo para lo más fácil: decretar estados de emergencia. Esa herramienta, usada con criterio excepcional, puede ayudar. Pero usada como muleta permanente se vuelve lo que hoy es: un ritual político. Se anuncia, se despliega, se promete “mano firme”… y la criminalidad se adapta, cambia de ruta y sigue cobrando. La emergencia termina siendo el sustituto barato de lo que sí cuesta: inteligencia, investigación, control territorial sostenido, depuración institucional y coordinación real con fiscalía, Poder Judicial y gobiernos subnacionales.

La ANGR exige intervención integral en Pataz, fortalecimiento efectivo de la Policía, articulación con La Libertad y acciones contra la impunidad. Traducido a lenguaje ciudadano: dejen de administrar titulares y empiecen a administrar resultados. Porque el problema no es que falten diagnósticos; sobran. Lo que falta es un Gobierno que lidere y un plan que ordene recursos, metas, responsables, plazos e indicadores verificables.

Y mientras el Ejecutivo no traza una estrategia, el país se entretiene con el deporte nacional: culpar a otro. Desde el Congreso, José Luna Gálvez generaliza denuncias y habla de “saqueo sistemático”. Sí, la corrupción regional existe y debe investigarse con rigor. Pero el oportunismo también existe: usar la fiscalización como garrote político para debilitar la descentralización y reforzar el centralismo, como advierte la ANGR. En el Perú, algunos descubren la corrupción solo cuando sirve para ganar cámara; y otros descubren la inseguridad solo cuando la tragedia ya ocurrió.

Pataz es el espejo: crimen organizado creciendo, Estado descoordinado y política que reacciona con comunicados. La seguridad es responsabilidad indelegable del Gobierno Nacional, y hoy esa responsabilidad está siendo postergada.

Reflexión final
Si Jerí quiere gobernar, debe dejar de coleccionar emergencias y empezar a construir control territorial: plan con metas mensuales, presupuesto rastreable, mando unificado, inteligencia financiera y rendición pública constante. Porque cuando el Ejecutivo se acostumbra a decretar “excepciones”, el país se acostumbra a vivir sin Estado. Y eso —en Pataz y en todo el Perú— ya está costando vidas.

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