(Foto: Perú 21). El 2025 dejó una buena noticia que no debería ser excepcional: el Perú produjo ciencia de nivel mundial. No fue casualidad ni suerte. Fue talento, trabajo y perseverancia en un país que suele exigir resultados sin construir condiciones. Por eso, cuando hablamos de “los científicos e investigadores peruanos más destacados del 2025”, no estamos haciendo una lista de orgullo para colgar en la pared: estamos mostrando un contraste incómodo. Mientras ellos empujan fronteras en medicina, biodiversidad, bioingeniería, astronomía e innovación, el Estado sigue caminando con el ritmo lento de siempre, celebrando el triunfo… como si no tuviera nada que ver con sostenerlo.
Ahí está Walter Curioso Vílchez, destacado por su trabajo en tecnología aplicada a la medicina y reconocido nuevamente entre los científicos más citados e influyentes del mundo. Un país que presume modernidad debería usar estos referentes para fortalecer investigación clínica, salud digital y evidencia aplicada. Pero aquí la innovación médica convive con sistemas colapsados y una gestión pública que suele llegar tarde.
En biodiversidad, el 2025 también tuvo rostro de mujer. Dennisse Ruelas, bióloga e investigadora del Museo de Historia Natural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, recibió reconocimiento internacional por proyectos vinculados a la conservación, especialmente en ecosistemas andinos. Y Rosa Vásquez Espinoza fue premiada por su trabajo en biodiversidad amazónica y rescate de saberes indígenas, incluyendo proyectos con abejas sin aguijón, clave para el equilibrio ecológico. Mientras tanto, la depredación avanza más rápido que la fiscalización, y la ciencia ambiental sigue siendo tratada como “tema secundario” cuando debería ser agenda central.
En innovación tecnológica, Fernando Zvietcovich y Etsel Suárez destacaron con una propuesta basada en inteligencia artificial para diagnóstico ocular temprano, premiada internacionalmente por su aporte a la detección de glaucoma normotensivo. Es el tipo de tecnología que podría aliviar sistemas de salud saturados si existiera una política seria de escalamiento, compra pública innovadora y articulación con hospitales. Pero en el Perú, muchas veces el invento triunfa afuera y aquí se queda en titular.
En ingeniería con impacto social, Enzo Romero, cofundador de LAT Bionics y docente investigador, fue reconocido como joven líder global por su trabajo en soluciones tecnológicas alineadas a desarrollo sostenible. Y en el campo espacial, Gabriela Calistro Rivera lidera proyectos de comunicación cuántica y empuja educación científica con iniciativas como CosmoAmautas. A su lado, Nataly Rojas Barnett, ingeniera electrónica, rompió techos al asumir rol de comandante astronauta análoga y representar al Perú en programas internacionales. Ellos demuestran que el futuro no es importado: también se puede construir desde el talento peruano.
El 2025 dejó claro que el Perú sí tiene científicos e investigadores capaces de competir en la primera división mundial. Lo que no tiene —todavía— es un sistema que los cuide, los retenga y los multiplique.
Reflexión final
Estos nombres no deberían ser excepción, sino inicio de una política de Estado. Porque el país que aplaude a sus científicos pero no invierte en ciencia termina haciendo lo más absurdo: celebrar su propia grandeza mientras renuncia a su propio futuro.
