¿Qué hacer frente a la publicidad engañosa de los candidatos?

(Foto: El Montonero). En el Perú, la campaña electoral ya no compite solo con propuestas: compite con trucos. Y uno de los más peligrosos es la publicidad engañosa: afiches, vallas y videos que te sugieren que alguien postula cuando no postula, o que te venden una candidatura que en el papel no existe. Es la democracia convertida en cartel publicitario: mucha imagen, poca verdad. La pregunta no es retórica, es urgente: ¿qué hacer frente a la publicidad engañosa de los candidatos?.

Primero, entendamos el problema: no se trata de “creatividad” ni de “marketing político”. Se trata de inducir al error. Cuando un partido coloca a Martín Vizcarra —preso e inhabilitado— como rostro de campaña para empujar candidatos al Congreso, no informa: sugiere, confunde y aprovecha el reconocimiento del nombre. Cuando aparecen afiches del exalcalde Arturo Bazán Fernández como si postulara a la presidencia, pese a ir a la vicepresidencia, no es un detalle: es una falsificación del mensaje electoral. Y cuando se difunden piezas donde Juanita de Urresti posa con Daniel Urresti como si ambos fueran candidatos, el objetivo es el mismo: capitalizar imagen y emoción, aunque sea con información incompleta o falsa.

¿Qué puede hacer el ciudadano? Varias cosas, pero con una verdad incómoda: el sistema hoy responde lento y con huecos.

En lo electoral, especialistas advierten que la legislación no prevé una sanción específica y que el Jurado Nacional de Elecciones suele estar atado por el miedo a ser acusado de intromisión. Pero eso no significa que sea intocable:

• Exigir públicamente una exhortación y un pronunciamiento ético, aunque sea incómodo.

• Usar herramientas de participación: tacha u objeción cuando corresponda, y vigilancia ciudadana organizada.

• Documentar el engaño (fotos, ubicación, fecha) y elevarlo como denuncia política y social, porque a veces el costo reputacional es lo único que funciona.

En defensa del consumidor, la puerta está prácticamente cerrada: la propaganda política no se considera publicidad comercial, por lo que Indecopi no tendría competencia. Suena absurdo, pero es parte del vacío: el elector es tratado como ciudadano sin protección cuando lo inducen al error.

En el ámbito penal, la discusión se vuelve más seria: difundir información falsa para engañar a la población puede abrir indicios de falsedad y otras responsabilidades. Allí, el camino es presionar para que el control no sea decorativo: que se investigue a quienes difunden, permiten y ordenan la difusión.

Frente a la publicidad engañosa, lo peor es normalizarla. La mentira repetida en campaña se convierte en método y, luego, en gobierno.

Reflexión final
Si un partido necesita “candidatos fantasma” para ganar votos, no está compitiendo: está estafando la confianza. Y si el Estado no cierra estos vacíos, el mensaje es brutal: el elector puede ser engañado sin consecuencias. Por eso, la respuesta no puede ser resignación: debe ser denuncia, vigilancia y sanción social. Porque cuando la política te miente en un afiche, lo que viene después no será sorpresa: será costumbre.

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