¿Cuál es el nombre oficial del año 2026 en el Perú?

(Foto: Diario Ojo). En el Perú, el Estado no solo administra: también bautiza. Cada año nos regala una “denominación oficial” que, en teoría, orienta prioridades y eleva el espíritu nacional. El problema es que ya estamos en enero de 2026 y el país sigue sin nombre oficial. No es un detalle menor: es el síntoma perfecto de una república que vive a punta de membretes… y sin dirección.

El ritual es conocido: se presentan propuestas, se evalúan “prioridades”, se aprueba por decreto y luego se obliga a todo el sector público a repetir la frase en documentos, oficios y ceremonias. Después, el mismo Estado traduce el lema a lenguas originarias para vestir de inclusión lo que, muchas veces, termina siendo solo un slogan de escritorio.

Hasta ahí, bien: la intención puede ser noble. El problema es la costumbre de usar el nombre del año como maquillaje institucional. Hemos tenido “unidad”, “paz”, “desarrollo”, “lucha contra la corrupción”, “universalización de la salud”… y, aun así, la realidad diaria parece empeñada en desmentir el membrete. Se imprime esperanza, pero se gestiona con parches. Se proclama “prioridad nacional”, pero se ejecuta con improvisación. Se exige que todos escriban la frase correcta, mientras el ciudadano aprende a sobrevivir entre trámites, miedo, abusos, violencia y esa indiferencia política que se volvió deporte de alto rendimiento.

Por eso, si el país sigue sin nombre, quizá es porque el nombre real incomoda. O porque cualquier frase inspiradora queda como chiste involuntario cuando el Estado no logra lo básico: ordenar, proteger, planificar, prevenir, escuchar. En ese escenario, propongo alternativas más honestas —no por cinismo, sino por higiene cívica—:

• “Perú 2026 en piloto automático”
• “Año de la emergencia permanente”
• “Año del de la extorsión y sicariato»
• “Año del Estado Ausente ”
• “Año de la normalización del miedo”

El nombre del año debería orientar acciones, no esconder inercias. Y si arrancamos sin denominación, el mensaje se escribe solo: cuando falta rumbo, sobra propaganda. La crisis no necesita slogan; necesita gestión, ética y autoridad moral.

Reflexión final
Quizá el verdadero debate no es qué frase pondremos en el encabezado, sino qué país estamos dispuestos a dejar de tolerar. Porque un Estado que corre para imponer un membrete, pero camina cuando se trata de justicia y seguridad, no está sin nombre: está sin vergüenza institucional. Y eso, por más que lo maquillen, se nota en la calle.

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