Emergencia por lluvias: 382 distritos y 20 regiones en riesgo

El Perú vuelve a declarar “estado de emergencia” como quien abre un paraguas cuando ya está empapado. Esta vez son 382 distritos de 20 departamentos, por “peligro inminente” ante intensas lluvias, durante 60 días, según el D.S. 003-2026-PCM. La frase suena técnica, pero el resultado es cotidiano: carreteras que colapsan, viviendas que se desmoronan, cultivos perdidos y familias que pasan de la precariedad a la intemperie en cuestión de horas.

La emergencia se vende como reacción eficiente: “medidas inmediatas”, “acciones de excepción”, “respuesta y rehabilitación”. Pero el país ya conoce la trampa: lo excepcional se vuelve costumbre y lo urgente reemplaza a lo importante. Si 382 distritos entran en emergencia, no estamos ante una sorpresa climática: estamos ante una previsibilidad administrada con desidia.

Peor aún, el propio decreto indica que el financiamiento saldrá de los presupuestos de gobiernos regionales, municipalidades y ministerios, “sin demandar recursos adicionales al Tesoro Público”. Traducido: “Hagan milagros con lo mismo”. Y en un Estado donde muchos municipios apenas pueden sostener servicios básicos, pedir respuesta y rehabilitación sin refuerzo real de recursos es como exigirle a una posta que haga cirugía con una linterna. Se anuncia presencia del Estado, pero se le deja con las manos atadas.

La lista de departamentos es casi un mapa del país vulnerable: Amazonas, Áncash, Apurímac, Arequipa, Ayacucho, Cajamarca, Cusco, Huancavelica, Huánuco, Ica, Junín, La Libertad, Loreto, Madre de Dios, Moquegua, Pasco, Puno, San Martín, Tacna y Ucayali. Y hay un dato que revela el tamaño del problema: Huamanga concentra el mayor número de distritos en emergencia. ¿Cuántas veces más tendrá que repetirse el mismo patrón para aceptar que la falla no es la lluvia, sino la gestión?.

La emergencia debería ser el último recurso, no el primer acto. Sin prevención, sin obras de drenaje sostenidas, sin gestión de cuencas, sin ordenamiento territorial y sin control de la corrupción que se come el presupuesto, cada temporada será un capítulo repetido: decretos, foto institucional, promesas y daños acumulados.

Reflexión final
El país no necesita solo declarar emergencias: necesita declarar intolerable la indiferencia política que normaliza el riesgo. Porque cuando el Estado llega tarde, la lluvia no solo cae: cobra. Y quienes pagan primero —como siempre— son los mismos: los más expuestos, los más pobres, los más olvidados. (Foto: Tv Perú).

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