López Aliaga lidera con 12%; la mayoría sigue sin definir su voto

En el tablero de las Elecciones 2026, el titular parece contundente: Rafael López Aliaga alcanza el 12% y se ubica en el primer lugar de las preferencias. Sin embargo, la escena central no está en la cima del ranking, sino en el enorme espacio vacío de la decisión ciudadana. Según la encuesta de Datum difundida por El Comercio, a pocos meses del 12 de abril, la mayoría de peruanos sigue sin definir por quién votará. Y esa indefinición no es una anécdota: es el corazón político del momento.

Que el primer lugar marque 12% revela, al mismo tiempo, fortaleza y fragilidad. Fortaleza, porque en un escenario disperso cualquier ventaja inicial importa. Fragilidad, porque ese liderazgo ocurre en un país que no se alinea, no se entusiasma y todavía no se compromete. Es un liderazgo en minoría, sostenido más por la fragmentación que por una ola mayoritaria.

El dato decisivo de Datum es el tamaño del bloque que aún no compra ningún relato: el voto en blanco o viciado (24,5%) y el “no sabe” (18,4%) suman 42,9%. Es decir, el “candidato” más fuerte no está en la papeleta: es el cansancio social que se expresa como rechazo o como duda. Y cuando la duda supera a la adhesión, el país no está eligiendo un nombre; está poniendo a prueba a todo el sistema.

La encuesta agrega una precisión que debería preocupar más que cualquier décima: solo 12% tiene su voto completamente definido; un 33% lo está pensando y el 50% aún no ha decidido ni siquiera empezar. Eso convierte a la campaña en otra cosa: no se trata solo de disputar “votos del rival”, sino de ganar confianza para activar una decisión que hoy está congelada.

En ese mismo cuadro, Keiko Fujimori aparece segunda con 8,8%, y el tercer lugar cambia: Carlos Álvarez figura con 6,2%, mientras Mario Vizcarra baja a 5,8% en medio de la amenaza de tacha; completa el top 5 Alfonso López Chau con 3,8%. Más que una carrera tradicional, parece una competencia donde casi todos corren, pero pocos convencen.

El 12% de López Aliaga es una señal de ventaja, no de victoria. La mayoría del país todavía no se mueve, y en esa inmovilidad hay un juicio silencioso: la política aún no ofrece una razón suficiente para escoger.

Reflexión final
De aquí al 12 de abril, el verdadero desafío no será subir en encuestas, sino merecer decisión. Porque cuando la mayoría no define, no es apatía: es una advertencia. Y las advertencias, en democracia, pueden transformarse en voto castigo, en voto blanco… o en un país que decide tarde, pero decide con furia. (Foto: Correo – Jesús Saucedo).

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