Que solo 1 de cada 5 mypes haya mejorado sus ventas en 2025 no es una estadística: es una alarma nacional. En el país donde la micro y pequeña empresa sostiene empleo, barrio y economía cotidiana, el crecimiento se está frenando por un enemigo que no figura en el plan de negocios: la inseguridad. La “reactivación” puede existir en discursos, pero en la calle se mide en persianas bajadas, horarios recortados y decisiones tomadas con miedo.
Los números son claros. Un 44,8% reportó ventas “muy bajas” y un 41,4% dijo que no creció. En total, más del 86% cerró el año sin avance. El dato desmiente el optimismo oficial y desnuda una realidad: la demanda puede estar débil, sí, pero la delincuencia está fuerte. Y cuando el crimen se vuelve cotidiano, el comercio deja de competir por clientes y empieza a sobrevivir frente a amenazas.
La inseguridad opera como un impuesto clandestino. No tiene recibo, pero se paga: en “cupo”, en seguridad privada, en cámaras, en rejas, en pérdidas por cierres anticipados. Se paga también en lo invisible: estrés, ansiedad y desconfianza. El emprendedor ya no planea cómo crecer; planea cómo volver a casa. Ese es el cambio más brutal: el negocio deja de pensar en inversión y empieza a pensar en refugio.
El estudio revela algo todavía más grave: el 93,1% de los consultados no se siente protegido por el Estado. Ese porcentaje no es “percepción”, es evidencia de orfandad institucional. Y cuando la protección pública se evapora, la justicia se vuelve un trámite sin sentido. Aparece la “cifra negra”: víctimas que no denuncian porque denunciar puede significar perder tiempo, exponerse y obtener nada. En esa lógica, el crimen no solo roba dinero; roba voz. Silencia.
A la inseguridad se suma el bloqueo financiero. Más de la mitad de las mypes prefirió no pedir crédito en 2025. No porque sobren recursos, sino porque endeudarse en un entorno incierto es jugar a la ruleta. ¿Cómo pedir préstamo para crecer si mañana te extorsionan, te atacan o te obligan a cerrar? El crédito exige predictibilidad; el país ofrece sobresalto.
El crecimiento de las mypes no está frenado por falta de esfuerzo, sino por falta de Estado. Sin seguridad, no hay inversión; sin inversión, no hay empleo; sin empleo, la economía se encoge.
Reflexión final
Si solo 1 de cada 5 mejoró sus ventas, la pregunta no es por qué “no emprenden más”. La pregunta correcta es: ¿hasta cuándo el trabajo honesto seguirá pagando el precio de un país donde el crimen avanza organizado y la política responde desorganizada?. (Fot: Revista Gana Más).
