¿FIFA levanta el veto a Rusia por salvar su Mundial en EE. UU.?

¿La FIFA levantará el veto a Rusia y Bielorrusia de las competiciones internacionales? Gianni Infantino ya dejó entrever que sí. Y la pregunta que incomoda es otra: ¿lo hace por convicción humanitaria o para desactivar el ruido político que amenaza al Mundial 2026 en Estados Unidos, en un contexto de tensiones internacionales y advertencias que incluyen la crisis por Groenlandia? Cuando el fútbol se usa como calmante geopolítico, la “neutralidad” se vuelve una coartada.

Infantino sostiene que el veto “no ha conseguido nada” y que solo generó frustración. Es una afirmación cómoda: si la sanción no produce resultados inmediatos, se declara inútil. Con ese razonamiento, la FIFA podría levantar cualquier medida incómoda en nombre del “espíritu del juego”. Pero las sanciones no son solo instrumentos de eficacia rápida; son señales. Marcan límites. Dicen qué se tolera y qué no. Si hoy se retiran por cansancio o conveniencia, el mensaje es que la presión dura lo que dura la incomodidad para el negocio.

La mención de abrir la puerta “al menos” en categorías inferiores es el primer paso de un guion conocido: empezar por lo emocional, avanzar por lo “humanitario”, terminar por lo competitivo. Nadie quiere castigar a niños y niñas; el punto es que la FIFA usa esa causa justa como palanca para normalizar el regreso. La política entra por la puerta trasera mientras se proclama que “el deporte no debe politizarse”.

El contexto no es menor. El Mundial 2026 se juega principalmente en Estados Unidos, y el clima internacional se ha vuelto espeso: amenazas comerciales, tensiones diplomáticas y debates de boicot en Europa. En ese tablero, a la FIFA le conviene bajar decibeles, sumar “gestos de paz” y reordenar alianzas. Levantar vetos se presenta como puente; en realidad, puede funcionar como lubricante diplomático para que el torneo no naufrague en controversias.

Además, el argumento de “no politizar el deporte” se invoca selectivamente. La FIFA politizó cuando vetó; ahora despolitiza cuando levantar el veto ayuda a su calendario. Esa elasticidad erosiona su credibilidad. Porque la institución no parece guiada por principios estables, sino por la urgencia de proteger su evento estrella del boicot, la mala prensa y la incertidumbre geopolítica.

Si la FIFA levanta el veto ahora, no lo hará en un vacío moral. Lo hará en medio de un Mundial que necesita calma, patrocinadores tranquilos y federaciones alineadas. Y eso convierte la decisión en algo más que deportiva: en gestión de riesgos para el negocio.

Reflexión final
El fútbol puede tender puentes, sí. Pero los puentes sin cimientos se caen. Si Infantino quiere evitar boicots y tensiones, debería empezar por coherencia y transparencia, no por gestos oportunistas. De lo contrario, la FIFA seguirá enviando un mensaje peligroso: las sanciones existen… hasta que estorban. Y cuando estorban, se levantan para que el espectáculo continúe, aunque el mundo siga ardiendo. (Foto: La cuarta – Ramón Monroy).

Lo más nuevo

Artículos relacionados