Polémica en Italia: el técnico de Juventus besó el hombro de una periodista en plena entrevista para explicar que “no todo contacto es penal”. La escena, ocurrida tras el 2-2 ante Lazio, no es una anécdota pintoresca ni un “gesto espontáneo”. Es un síntoma. Porque cuando una figura con autoridad decide usar el cuerpo de una profesional como recurso pedagógico en vivo, el debate deja de ser arbitral y se convierte en algo más serio: límites, consentimiento y poder.
Luciano Spalletti —en su afán de reclamar claridad sobre los criterios del VAR y los penales— construyó una comparación: “si te toco el brazo es contacto; si te beso, también; si te acaricio, también”. Luego vino el beso en el hombro. Y ahí se rompió la frontera. Lo que intentó vender como explicación técnica se transformó en un acto inapropiado en un entorno laboral. No importa si lo quiso hacer “sin mala intención”. En el periodismo —y en cualquier trabajo— el consentimiento no es un detalle: es la base.
Lo preocupante no es solo el gesto, sino la idea detrás del gesto: la normalización de que el poder puede invadir el espacio personal del otro para reforzar un argumento. Esa lógica es vieja, pero sigue viva: “no exageres”, “solo fue un beso”, “es parte del show”. No. No es show. Es una entrevista. Una periodista haciendo su trabajo. Un entrenador con cámara, micrófono y jerarquía. La asimetría es evidente.
La frase “no todo contacto es penal” terminó siendo un boomerang moral. Porque fuera del fútbol, el “contacto” no se discute con sarcasmo: se regula con respeto. Y si alguien tiene que explicar por qué tocar o besar a otra persona en televisión no es apropiado, entonces el problema no está en la sensibilidad ajena, sino en la educación propia.
Lo más incómodo es cómo el fútbol suele reaccionar ante estos episodios: se debate más el “qué quiso decir” que el “qué hizo”. Se busca el ángulo que lo suavice, el contexto que lo excuse, la risa que lo convierta en meme. Y así, el deporte que se llena la boca hablando de valores termina protegiendo la costumbre de siempre: la del intocable que cree que el campo se extiende hasta el cuerpo de los demás.
La polémica en Italia no tiene que ver con penales, fuera de juego o interpretaciones del VAR. Tiene que ver con respeto. Con entender que una cámara no convierte en aceptable lo que sería inaceptable fuera de ella.
Reflexión final
El fútbol puede soportar debates infinitos sobre “contactos” en el área. Lo que no debería soportar es la confusión entre autoridad y permiso. Hoy fue un beso “para explicar”. Mañana, si se relativiza, será otro gesto “sin importancia”. Y ahí es cuando el problema deja de ser un episodio: se convierte en cultura. (Foto: Bio Bio Chile).
