Informe del IEP: Así votaron los peruanos en Elecciones 2026

El reciente informe del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) sobre las Elecciones Generales 2026 no solo permite conocer cómo votaron los peruanos, sino que expone con crudeza las fracturas profundas que atraviesan al país. Detrás de cada porcentaje no hay únicamente una preferencia electoral, sino una radiografía social marcada por desigualdad, desencanto, brechas educativas, diferencias generacionales y una representación política cada vez más debilitada. La primera vuelta no fue simplemente una competencia entre candidatos; fue la confirmación de que el Perú sigue votando dividido, desconfiado y sin una verdadera conexión entre ciudadanía y clase política.

El estudio del IEP, realizado en abril con una muestra de 1.448 entrevistados, revela patrones electorales bastante definidos. Jorge Nieto concentró el voto más joven y con mayor nivel educativo: el 50% de sus votantes pertenece al grupo de 18 a 29 años y el 79,3% cuenta con educación superior. Además, logró una mayor conexión con el electorado femenino, alcanzando un 60%.

En contraste, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez consolidaron su base electoral en sectores con educación básica. En el caso de Fujimori, el 68,5% de sus votantes pertenece a este grupo, mientras que Sánchez alcanza el 70,3%, con un marcado predominio masculino de 58,9%. Rafael López Aliaga y Alfonso López-Chau, por su parte, concentran un electorado de mayor edad y con formación superior, especialmente en el segmento mayor de 50 años.

Sin embargo, el dato más revelador del informe no está en los candidatos punteros, sino en el voto blanco y nulo. El 64,8% de quienes optaron por anular o viciar su voto fueron mujeres, mientras que el 63% corresponde a ciudadanos con educación básica. Este dato no es una casualidad estadística; es una señal política de enorme gravedad.

Lo que este informe demuestra es que el Perú no vota como una sola nación, sino como varios países que conviven bajo la misma cédula electoral. La educación condiciona la preferencia política, la edad define distintas formas de entender el futuro y el género revela una fractura silenciosa que la política sigue ignorando.

Que el voto nulo y blanco tenga un rostro mayoritariamente femenino debería encender todas las alarmas. No estamos hablando de apatía, sino de rechazo. Significa que una gran parte de las mujeres no encontró en ninguna candidatura una representación creíble, una agenda convincente ni una propuesta que responda a sus preocupaciones reales. Y eso resulta especialmente grave en un proceso donde incluso existía una candidata mujer. La presencia simbólica no basta cuando la representación sustancial sigue ausente.

La juventud también refleja otra forma de ruptura. Mientras un sector joven, politizado y con mayor formación académica apostó por candidaturas como la de Jorge Nieto, otro grupo importante decidió no participar. El 37,7% de quienes no votaron pertenece al rango de 18 a 29 años. Esta juventud ausente no necesariamente expresa desinterés, sino una profunda desconfianza hacia el sistema. Cuando los jóvenes dejan de creer en la utilidad del voto, la democracia empieza a perder futuro.

Otro aspecto revelador es el momento de decisión del voto. Keiko Fujimori aparece con el electorado más fidelizado: el 57,9% de sus votantes decidió apoyarla desde hace tiempo. Rafael López Aliaga y Alfonso López-Chau también muestran bases relativamente sólidas. En cambio, candidatos como Carlos Álvarez y Ricardo Belmont crecieron principalmente en la última semana o incluso el mismo día de la elección, reflejando una ciudadanía indecisa, volátil y profundamente condicionada por la coyuntura inmediata.
Posición editorial

Desde esta tribuna, la conclusión es contundente: el informe del IEP desnuda una democracia que compite, pero no representa. Los partidos políticos siguen obsesionados con encuestas, alianzas y estrategias electorales, mientras ignoran las verdaderas grietas sociales del país. Hablan de segunda vuelta, pero no de primera necesidad. Discuten cargos, pero no confianza. Buscan votos, pero no construyen representación.

El voto nulo femenino, la juventud ausente y la fragmentación educativa no son fenómenos aislados; son síntomas de un sistema político agotado que ha perdido capacidad de escucha. La crisis no está únicamente en la ONPE, en el conteo lento o en las disputas postelectorales. La crisis está en una política que ya no logra convencer ni emocionar.

Así votaron los peruanos en 2026: divididos, cansados, desconfiados y cada vez más distantes de quienes aspiran a gobernarlos. El informe del IEP no solo describe una elección; expone una advertencia severa sobre el estado de nuestra democracia.
Porque una democracia no se debilita únicamente cuando se manipulan resultados o se cuestionan actas. También se debilita cuando millones de ciudadanos sienten que votar no cambia nada, que ningún candidato los representa y que la política se ha convertido en un ejercicio ajeno a sus vidas.
Ese deterioro silencioso es mucho más peligroso que cualquier crisis electoral pasajera. Porque cuando la esperanza abandona las urnas, lo que queda ya no es participación democrática, sino resignación política. (Foto: La Lupa).

Lo más nuevo

Artículos relacionados