Reclutamiento ruso: peruanos enviados a morir en Ucrania

El reclutamiento ruso de peruanos para enviarlos a la guerra contra Ucrania revela una verdad brutal: la pobreza también puede convertirse en botín geopolítico. Más de 600 compatriotas habrían sido captados con falsas ofertas laborales, sueldos seductores y promesas de futuro. Pero al llegar a Rusia, según denuncias de familiares, muchos terminaron sin pasaporte, sin celular, endeudados artificialmente y enviados al frente de batalla. La oportunidad se transformó en trampa. El trabajo, en guerra. El sueño, en ataúd.

El método es tan cínico como eficaz: contactos por Instagram o Telegram, empleos de seguridad, cocina o transporte, pagos de hasta 4.000 dólares y contratos en ruso que nadie explica. Después viene el viaje rápido, la confiscación de documentos y el supuesto entrenamiento militar. Así funciona, según las denuncias, una maquinaria que no recluta soldados: captura necesidad.

El informe internacional presentado en Kiev describe un patrón global de captación de extranjeros para alimentar la guerra rusa. Más de 27 mil ciudadanos de distintos países habrían sido incorporados a esa maquinaria. En el caso peruano, al menos 13 ya estarían muertos. Y mientras las familias denuncian amenazas y piden repatriación, el Estado peruano responde con la lentitud diplomática de siempre: comunicados, grupos de trabajo y gestiones que parecen correr detrás de una tragedia que ya avanzó demasiado.
Lo más indignante es que esta red opera sobre ciudadanos vulnerables: exmilitares, policías en retiro, jóvenes sin empleo estable y trabajadores empujados por la precariedad. Rusia pone la guerra; las redes de reclutamiento ponen el engaño; el Perú pone los pobres. Un negocio perfecto para los mercaderes de la muerte.

Este caso no debe ser tratado como una mala decisión individual. Si hubo engaño, retención de documentos, amenazas, deudas fabricadas y envío al frente, estamos ante presunta trata de personas con fines bélicos. El Perú debe investigar a los reclutadores locales, proteger a las familias, exigir información a Rusia y activar mecanismos reales de repatriación.

Reflexión final
Mandar peruanos a morir en una guerra ajena no puede convertirse en otro escándalo pasajero. Cada reclutado representa una falla del Estado, de la diplomacia y de un país que deja a sus ciudadanos tan expuestos que hasta una oferta falsa en redes puede llevarlos al frente de batalla. La guerra de Ucrania queda lejos en el mapa, pero sus muertos peruanos ya están demasiado cerca de nuestra vergüenza. (Foto: Infobae).

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