Aspirina e hipertensión: mitos y cuidados para la salud

La aspirina es uno de los medicamentos más conocidos en los hogares y, por esa familiaridad, muchas personas la asocian con la protección del corazón. Sin embargo, esa confianza también puede generar una idea equivocada: pensar que sirve para bajar la presión arterial. La información médica disponible señala que no debe usarse como tratamiento para la hipertensión, una condición que requiere diagnóstico, control y seguimiento profesional.

Cleveland Clinic explica que la aspirina no reduce la presión arterial de manera significativa y no la recomienda específicamente para tratar la hipertensión. El cardiólogo Luke Laffin, citado por esa institución, precisa que este medicamento no funciona de esa manera y que su uso debe responder a una indicación médica, no a una decisión improvisada.

La confusión surge porque la aspirina puede actuar como anticoagulante y ayudar a prevenir coágulos en determinados pacientes. Pero prevenir la formación de coágulos no equivale a controlar la presión alta. Son procesos distintos y requieren abordajes diferentes. Además, el consumo diario de aspirina no está libre de riesgos: puede aumentar la posibilidad de sangrados, especialmente gastrointestinales, y causar otros efectos adversos en personas vulnerables.

La hipertensión, por su parte, es un problema de salud pública que necesita mayor atención preventiva. La Organización Mundial de la Salud estima que 1.400 millones de adultos de 30 a 79 años vivían con hipertensión en 2024, lo que representa alrededor del 33 % de esa población; además, unos 600 millones no sabían que tenían esta condición. Estos datos refuerzan la importancia de medirse la presión con regularidad y no reemplazar el control médico por remedios asumidos como “seguros” solo porque son conocidos.

Las guías del American College of Cardiology y la American Heart Association señalan que la aspirina en dosis baja podría considerarse solo en adultos seleccionados de 40 a 70 años con mayor riesgo cardiovascular y bajo riesgo de sangrado, pero no debe usarse de manera rutinaria en mayores de 70 años ni en personas con riesgo elevado de sangrado.

Para cuidar la presión arterial, Cleveland Clinic recomienda medidas con mayor respaldo: reducir el consumo de sodio, mantener un peso saludable, realizar actividad física, mejorar la alimentación, dormir lo suficiente y controlar el estrés. Cuando sea necesario, el médico puede indicar medicamentos antihipertensivos adecuados para cada paciente.

La aspirina puede tener utilidad en ciertos casos cardiovasculares, pero no es un tratamiento para bajar la presión arterial. La decisión de tomarla diariamente debe ser evaluada por un profesional de salud, considerando beneficios y riesgos individuales.

Reflexión final
Cuidar la salud también implica evitar la automedicación. La mejor prevención nace de la información confiable, los chequeos oportunos y los hábitos sostenidos. La presión arterial se controla mejor con orientación médica, responsabilidad personal y decisiones basadas en evidencia. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

Lo más nuevo

Artículos relacionados