Vuelve el fujimorismo: la oportunidad histórica de gobernar bien

El regreso del fujimorismo al poder marca un momento decisivo para el Perú. Keiko Fujimori recibe sus credenciales como presidenta electa después de tres derrotas presidenciales, una década de inestabilidad política y un país que llega cansado, dividido y profundamente desconfiado. No se trata solo del retorno de una fuerza política conocida; se trata de una prueba histórica para demostrar si el fujimorismo puede gobernar dentro de los límites democráticos, con respeto institucional, transparencia y verdadera vocación de servicio público.

Desde La Caja Negra sostenemos que Keiko Fujimori tiene una oportunidad histórica: gobernar bien, corregir errores, despejar temores y demostrar que el poder no será usado como revancha, botín ni maquinaria partidaria. El país no necesita un fujimorismo triunfalista; necesita un gobierno sobrio, democrático, eficiente y consciente de la pesada herencia política que carga su apellido.

La ceremonia de entrega de credenciales debió ser un acto republicano de sobriedad institucional. Sin embargo, terminó rodeada de arengas, celebraciones partidarias y un ambiente más cercano al mitin que al protocolo de Estado. Ese detalle importa. Las formas no son adornos: revelan cómo se entiende el poder. Si el nuevo gobierno quiere hablar de reconciliación, debe empezar por comprender que la presidencia no pertenece a una militancia, sino a todos los peruanos, incluidos quienes votaron en contra.

Keiko Fujimori llega a Palacio con una victoria ajustada. Eso debería obligarla a gobernar con humildad democrática. Un resultado estrecho no entrega licencia para imponer; entrega el deber de escuchar. El país no puede soportar otra etapa de soberbia, confrontación ni cálculo político. Después de años de presidentes débiles, congresos fragmentados, escándalos, vacancias y desgobierno, la ciudadanía exige algo elemental: que el Estado funcione.

El fujimorismo, además, carga una historia que no puede ocultarse bajo discursos de unidad. Alberto Fujimori dejó una marca profunda en la memoria nacional: para unos, eficiencia y orden; para otros, autoritarismo, concentración de poder y heridas institucionales. Keiko Fujimori tiene hoy la posibilidad de tomar distancia real de esa sombra. No basta decir que se aprendió. Hay que demostrarlo con hechos: respeto a la prensa, independencia judicial, gabinete técnico, cero persecución política, combate frontal a la corrupción y rechazo absoluto a cualquier tentación autoritaria.

También deberá probar coherencia. No se puede prometer austeridad mientras el partido respalda leyes de alto costo fiscal. No se puede hablar de renovación si se reciclan personajes cuestionados. No se puede invocar reconciliación mientras se alimenta la lógica de vencedores y vencidos. Gobernar bien exige elegir mejor, explicar más y escuchar incluso a quienes incomodan.

La Caja Negra reconoce la legitimidad de toda autoridad elegida democráticamente, pero también afirma que esa legitimidad debe ser vigilada desde el primer día. La democracia no se defiende con aplausos automáticos. Se defiende con instituciones fuertes, ciudadanía activa, prensa libre, justicia independiente y límites claros al poder.

El retorno del fujimorismo puede convertirse en una oportunidad de madurez democrática o en la repetición de errores pasados. Keiko Fujimori deberá decidir si gobierna para el país o para su entorno; si abre una etapa de reconstrucción o si administra la polarización que la llevó al poder.

Reflexión final
Vuelve el fujimorismo, y con él vuelve también una pregunta histórica: ¿será capaz de gobernar bien? El Perú no espera gestos teatrales ni discursos de ocasión. Espera resultados, respeto, decencia pública y democracia sin atajos. Esta vez, la oportunidad es enorme; el margen para fallar, mínimo. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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