Asesor de Infantino renuncia y deja una protesta dentro de la FIFA

La renuncia de Carlos Cordeiro, principal asesor de Gianni Infantino, no es una salida más dentro de la estructura de la FIFA. Es una protesta política e institucional desde el corazón mismo del poder del fútbol mundial. Su decisión de apartarse por desacuerdo con el proyecto que buscaba abrir parte del negocio de las competiciones de la FIFA al capital privado deja una pregunta incómoda: ¿qué está ocurriendo dentro del organismo para que uno de los hombres cercanos a su presidente prefiera irse antes que avalar la iniciativa?

La frase con la que justificó su salida resume la gravedad del desencuentro: no podía quedarse “de brazos cruzados”.

Cordeiro cuestionó el proyecto impulsado durante la gestión de Infantino para comercializar una participación del negocio vinculado a las competiciones de la FIFA. La propuesta contemplaba incorporar inversión privada en una estructura comercial capaz de administrar activos de enorme valor, incluidos aquellos relacionados con el Mundial.

El problema no es únicamente económico. Es institucional.

Cuando un asesor de primer nivel renuncia en señal de protesta, ya no estamos ante una diferencia técnica sobre números, porcentajes o estrategias financieras. Estamos ante una señal de ruptura interna respecto de la manera en que se pretende administrar uno de los patrimonios deportivos más importantes del planeta.

La FIFA tiene derecho a buscar nuevas fuentes de ingresos. También tiene la obligación de explicar con absoluta transparencia qué se vende, a quién, bajo qué condiciones y con qué consecuencias futuras.

El capital privado nunca llega gratuitamente. Invierte porque espera rentabilidad. Y esa lógica, completamente legítima en el mundo empresarial, puede generar tensiones cuando entra en estructuras que administran bienes deportivos con dimensión pública y cultural.

Por eso la renuncia de Cordeiro merece atención. No porque convierta automáticamente al proyecto en irregular, sino porque demuestra que incluso dentro de la propia FIFA existen dudas sobre los límites que debe tener la comercialización.

Infantino enfrenta ahora algo más complejo que una controversia financiera: enfrenta una señal de desconfianza procedente de su propio entorno.

Una institución fuerte no debería temer a la discrepancia. Debería escucharla.

Reflexión final
La protesta de Cordeiro deja una advertencia sencilla: el fútbol mundial puede modernizarse, crecer y generar más ingresos, pero necesita conservar controles y contrapesos.

Porque cuando un asesor prefiere renunciar antes que guardar silencio, la pregunta ya no es solo por qué se fue. La pregunta es qué vio dentro del proyecto para considerar que quedarse callado no era una opción. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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