Infantino ofrece a México un pase a la Conmebol a cambio de apoyo

La crisis política de Gianni Infantino acaba de sumar una acusación de enorme gravedad. Según reveló el periodista mexicano Martín del Palacio, el presidente de la FIFA habría prometido a la Federación Mexicana de Fútbol ayudarla a abandonar Concacaf y acercarse a Conmebol a cambio de respaldo político para su reelección de 2027.

Aparece en un contexto demasiado delicado para ser despachada como mero rumor: México se desmarcó de Concacaf y respaldó públicamente a Infantino justo cuando UEFA, Concacaf y AFC endurecieron sus críticas contra su liderazgo. Reuters confirmó que México rompió filas con su propia confederación para sostener al presidente de la FIFA.

Si la promesa existió, estaríamos ante algo mucho más serio que una negociación deportiva. Cambiar de confederación no es un regalo personal que pueda ofrecerse desde un despacho presidencial. Implica estatutos, procedimientos y decisiones institucionales que exceden a una sola persona. FIFA reconoce formalmente a las confederaciones como estructuras continentales con competencias propias; cualquier reordenamiento requeriría procesos reglamentarios y políticos complejos.

México tendría razones deportivas y comerciales para mirar hacia Sudamérica. Volver a competir regularmente contra Argentina, Brasil, Uruguay, Ecuador, Paraguay o Colombia elevaría la exigencia; una eventual reincorporación de clubes mexicanos a la Copa Libertadores también tendría enorme atractivo televisivo y económico. Pero una cosa es discutir un proyecto continental y otra muy distinta convertirlo en moneda de cambio electoral.

La sospecha se vuelve aún más incómoda porque México es hoy una excepción dentro de Concacaf. Mientras el bloque regional cuestiona duramente a Infantino por FIFA Forward Enterprise, la FMF mantiene su respaldo.

Y aquí aparece el problema de fondo: si cada voto empieza a acompañarse de promesas de sedes, recursos, cambios confederativos o beneficios extraordinarios, la democracia de FIFA corre el riesgo de convertirse en una subasta de adhesiones.

La FIFA y la FMF deberían aclarar inmediatamente si existió esa conversación, quién participó, qué se ofreció y bajo qué marco jurídico. La transparencia no puede quedar subordinada a conveniencias electorales.

Reflexión final
México tiene derecho a debatir su futuro competitivo. Lo que no sería aceptable es que ese futuro se negocie como recompensa por un voto.

Si Infantino realmente ofreció facilitar una mudanza de Concacaf a Conmebol para garantizar apoyo político, el problema ya no sería únicamente de gobernanza. Sería la utilización del mapa del fútbol como herramienta de supervivencia electoral.

Y cuando las fronteras deportivas empiezan a negociarse junto con votos, el fútbol deja de parecer una institución y comienza a parecer un mercado de favores. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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