La leptospirosis dejó de ser una alerta silenciosa para convertirse en una señal roja. Hasta la semana epidemiológica 30 de 2026, el Perú registra 8.511 casos, 1.057 hospitalizados y 34 fallecidos, según el CDC-Minsa. La incidencia alcanzó 24,57 casos por cada 100.000 habitantes, la cifra más alta para este periodo en los últimos cinco años.
No se trata de una estadística aislada. Es el resultado de un sistema sanitario que vuelve a enfrentar una enfermedad prevenible con las mismas debilidades de siempre: saneamiento deficiente, presencia de roedores, agua contaminada, infraestructura precaria y respuestas que suelen llegar cuando el problema ya está instalado.
El crecimiento de las hospitalizaciones es especialmente alarmante. En 2025 se registraban 431 pacientes hospitalizados a esta misma altura del año; en 2026 ya son 1.057, un incremento de alrededor de 145%. Los contagios también aumentaron 25,5%, al pasar de 6.341 casos en 2025 a 8.511 este año.
Las cifras muestran además quiénes están siendo más afectados. Los adultos de 30 a 59 años concentran 2.754 casos, los jóvenes de 18 a 29 años suman 1.877 y los niños de 0 a 11 años alcanzan 1.798. Entre los adultos mayores, la letalidad es más alta: 11 fallecidos entre 772 casos, equivalente al 1,42%.
La enfermedad se transmite principalmente por contacto con agua, barro o superficies contaminadas con orina de animales infectados, especialmente roedores. El panorama puede agravarse con lluvias intensas e inundaciones asociadas al fenómeno El Niño. Si a eso se suman desagües colapsados, acumulación de residuos y baja capacidad preventiva, el escenario resulta previsible.
Y ahí aparece la pregunta incómoda: ¿qué más necesita ocurrir para que la prevención deje de ser un discurso? Esperar a que aumenten las muertes para recién reforzar fumigación, vigilancia y saneamiento sería repetir la vieja fórmula del Estado peruano: reaccionar tarde y administrar emergencias que pudieron mitigarse antes.
El Gobierno debe actuar de inmediato con vigilancia epidemiológica, control de roedores, saneamiento, agua segura y refuerzo hospitalario en las zonas de mayor riesgo. También debe anticiparse al impacto de las lluvias y no limitarse a emitir alertas.
Reflexión final
La leptospirosis no crece por casualidad; avanza donde existen abandono y prevención insuficiente. Si el país ya registra 34 muertes y más de mil hospitalizados antes de un posible agravamiento climático, la indiferencia institucional deja de ser negligencia menor y empieza a convertirse en parte del problema. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
