El Niño podría alcanzar intensidad histórica hacia fines de 2026

El fenómeno El Niño vuelve a situarse en el centro de la preocupación climática internacional. La más reciente evaluación de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, NOAA, advierte que el calentamiento del Pacífico ecuatorial continúa fortaleciéndose y que existe más de 90% de probabilidad de que alcance una intensidad fuerte durante el otoño e invierno 2026-2027 del hemisferio norte. Más significativo aún: para el trimestre octubre-diciembre existe un 69% de posibilidad de superar la intensidad de todos los episodios registrados desde 1950.

Los indicadores oceánicos explican la preocupación. Durante julio, las anomalías de temperatura superficial superaron los +2 °C en sectores del Pacífico ecuatorial oriental. La región Niño 3.4 alcanzó +1,4 °C; Niño 3, +1,7 °C; y Niño 1+2, +2,9 °C. Los modelos climáticos anticipan que el calentamiento continuará intensificándose hasta finales del año.

Para el Perú, sin embargo, estas cifras requieren una lectura responsable. El Niño global monitoreado por la NOAA no es exactamente igual al Niño costero, que determina buena parte de los efectos directos sobre nuestro litoral. Por ello, un episodio global extraordinariamente intenso no significa automáticamente lluvias devastadoras, inundaciones o huaicos en territorio peruano.

Sí representa, en cambio, una señal que obliga a reforzar la vigilancia. Un Niño global intenso puede modificar los patrones de precipitación, elevar las temperaturas y generar impactos sobre agricultura, ganadería, disponibilidad de agua y generación hidroeléctrica. En la costa, un eventual fortalecimiento paralelo del Niño costero podría incrementar el riesgo de temperaturas elevadas y precipitaciones intensas.

La propia NOAA enfatiza una precisión fundamental: la intensidad de El Niño no determina de manera automática la magnitud de sus impactos. Cada territorio responde de forma diferente y las consecuencias deben evaluarse mediante pronósticos regionales y nacionales.

Conclusión
El Perú no necesita esperar una emergencia para actuar. Limpieza de cauces, mantenimiento de quebradas, reforzamiento de defensas ribereñas, supervisión de puentes, protección de infraestructura y planes para garantizar agua y energía deberían acelerarse mientras existe tiempo.

Reflexión final
El verdadero riesgo no es únicamente que El Niño alcance una intensidad histórica. Es que las instituciones conozcan con meses de anticipación un escenario adverso y aun así lleguen tarde. Los pronósticos no pueden impedir un fenómeno climático, pero sí pueden evitar que la falta de prevención multiplique sus consecuencias. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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