Un sismo puede generar temor, tensión e incertidumbre incluso antes de que ocurra. Las noticias sobre terremotos, alertas y experiencias previas pueden activar pensamientos de preocupación y una sensación de vulnerabilidad. Sin embargo, sentir miedo no significa estar indefenso. La preparación emocional y práctica puede ayudar a transformar la ansiedad en una respuesta más organizada y segura.
El psicólogo Miguel Flores Galindo sostiene que el manejo del miedo debe trabajarse antes, durante y después de una emergencia. El primer paso consiste en reconocer la emoción. Negarla no la elimina; aceptarla permite comprenderla y responder con mayor control.
Antes de un sismo, la preparación reduce la incertidumbre. Participar en simulacros, identificar zonas seguras, definir rutas de evacuación, preparar una mochila de emergencia y acordar quién asistirá a niños, adultos mayores o personas que requieran ayuda fortalece la confianza y disminuye la posibilidad de reaccionar impulsivamente.
Durante el movimiento, la prioridad debe ser seguir las medidas de seguridad previamente conocidas. En una situación de alta tensión, la capacidad para analizar cada decisión puede reducirse. Por eso, haber ensayado previamente qué hacer facilita que el cuerpo responda de manera más automática y ordenada.
También es crucial evitar que la ansiedad se alimente de información no verificada. Los sismos no pueden predecirse con exactitud, por lo que conviene informarse mediante fuentes oficiales y evitar mensajes alarmistas o rumores difundidos por redes sociales. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
Después de un sismo, pueden presentarse sobresaltos, dificultades para dormir, pesadillas, temor ante determinados sonidos o incluso la sensación de que el suelo continúa moviéndose. Estas reacciones pueden aparecer temporalmente después de una experiencia intensa.
Cuando el miedo se mantiene durante un periodo prolongado, afecta el descanso, el trabajo, las relaciones personales o genera pensamientos repetitivos sobre una posible catástrofe, buscar orientación psicológica puede ser una decisión saludable y preventiva.
Manejar la ansiedad frente a un sismo no consiste en eliminar completamente el miedo, sino en aprender a convivir con esa emoción sin permitir que controle nuestras decisiones. La preparación, los simulacros y la información confiable permiten responder con mayor seguridad.
Reflexión final
No podemos decidir cuándo ocurrirá un movimiento sísmico, pero sí podemos prepararnos para afrontarlo. Convertir la preocupación en prevención y el miedo en conocimiento puede ayudarnos a cuidar nuestra salud emocional y actuar con mayor serenidad cuando realmente sea necesario. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
