Mafias del oro utilizan drones para atacar: el crimen evoluciona

Madre de Dios dejó de ser solamente el símbolo de la minería ilegal y la destrucción ambiental. Hoy corre el riesgo de convertirse en algo mucho más grave: un territorio donde organizaciones criminales armadas prueban tecnologías, reclutan personal con formación militar y disputan zonas de control como si el Estado fuera apenas un espectador tardío.

La información proporcionada describe un escenario alarmante. En La Pampa, bandas enfrentadas por el control del oro ilegal habrían utilizado drones cargados con explosivos y granadas. No estamos ante delincuencia rudimentaria. Estamos ante una evolución criminal que copia métodos empleados por cárteles mexicanos, organizaciones armadas colombianas y grupos que ya entendieron que la tecnología civil también puede convertirse en arma.

Mientras tanto, el Estado parece seguir llegando después.
El testimonio de Jhon Berrú Rivadeneira, licenciado del Ejército detenido junto con integrantes de “Los Guardianes de La Pampa”, describe enfrentamientos prolongados, hombres armados, reclutamiento de exmilitares y ataques con drones explosivos atribuidos a una organización rival.

La escena debería estremecer al país.
Las mafias ya no solo extraen oro ilegal, destruyen bosques o contaminan ríos. Ahora también pueden financiar personal armado, alquilar armas, organizar vigilancia territorial y utilizar tecnología aérea ofensiva.

Eso significa que la minería ilegal ha dejado de ser una economía clandestina para convertirse, en determinadas zonas, en una estructura de poder.

Durante años, distintos gobiernos anunciaron operativos, estados de emergencia, destrucción de maquinaria y golpes millonarios a las redes ilegales. Sin embargo, la pregunta es evidente: si después de tantos anuncios las organizaciones siguen operando, reclutando, armándose y sofisticándose, ¿qué tan efectiva fue realmente la estrategia?

Los gobiernos de Pedro Castillo, Dina Boluarte, José Jerí y José Balcázar no lograron recuperar de manera integral los territorios sometidos por estas economías criminales. El problema no desapareció; evolucionó.

Ahora la responsabilidad recae en Keiko Fujimori.
Y el desafío no admite indiferencia. Si el Gobierno observa Madre de Dios como un conflicto periférico, cometerá un error peligroso. Porque una organización capaz de controlar territorio, pagar seguridad armada, movilizar recursos y usar drones con explosivos no es un problema local: es una amenaza directa a la autoridad del Estado.

El riesgo mayor es la expansión. Si este modelo encuentra rentabilidad e impunidad, puede replicarse en otras regiones donde ya conviven minería ilegal, narcotráfico, tráfico de armas y corrupción.

Desde La Caja Negra sostenemos que el Estado debe dejar de administrar La Pampa como una emergencia episódica y asumirla como un frente estratégico de seguridad nacional.

Se necesita inteligencia financiera, tecnología antidrones, control real de explosivos y armas, presencia permanente de fuerzas especializadas, persecución del lavado de activos, vigilancia fronteriza y desarticulación de las redes de protección política, policial y empresarial que permiten sostener estas economías.

No más operativos para la fotografía. No más decomisos celebrados como victorias mientras las mafias vuelven a instalarse semanas después.

Madre de Dios, no puede seguir siendo el territorio donde el crimen prueba qué tan débil es el Estado.

Reflexión final
Cuando una mafia puede reclutar exmilitares, pagar miles de soles, desplegar armamento y lanzar explosivos desde drones, el problema ya no es solamente la minería ilegal. El verdadero peligro es que el Estado termine acostumbrándose a convivir con organizaciones que ya aprendieron a comportarse como pequeños ejércitos. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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