Mundial 2030: ¿mérito deportivo o negocio político?

El Mundial fue creado para premiar a las mejores selecciones, no para convertirse en una puerta que se agranda cada vez que algún dirigente necesita más mercados, más ingresos o más aliados. Apenas se estrenó el formato de 48 equipos y ya se impulsa otro salto, ahora a 64 selecciones para 2030. La iniciativa parte de Conmebol y encuentra a Gianni Infantino en plena búsqueda de respaldos rumbo a 2027.

La pregunta, entonces, deja de ser deportiva y se vuelve incómodamente política: ¿el fútbol necesita realmente 64 participantes o los dirigentes necesitan que más federaciones se sientan beneficiadas?

La primera víctima de una ampliación indiscriminada sería el mérito. Clasificar a un Mundial debería ser la consecuencia de un proceso serio: menores, infraestructura, técnicos, competencia y resultados. Si una selección fracasa durante años, la solución no debería ser agrandar el torneo hasta que termine entrando por mera expansión.

En Sudamérica el ejemplo es evidente. Países que ocupan regularmente los últimos lugares podrían encontrar una vía mucho más cómoda hacia 2030 sin haber corregido sus deficiencias estructurales. Eso permitiría a algunos dirigentes exhibir una clasificación como éxito de gestión cuando, en realidad, lo que cambió fue el tamaño de la puerta.

El segundo beneficiado sería el negocio. Más selecciones significan potencialmente más partidos, más derechos audiovisuales, más entradas, más patrocinadores, más plataformas y más países consumiendo el producto FIFA. La palabra oficial será “inclusión”. La palabra menos elegante, pero quizá más exacta, es facturación.

Conmebol tampoco juega gratis esta partida. Argentina, Uruguay y Paraguay buscan aumentar su presencia en el Mundial del centenario, mientras una ampliación fortalecería también el peso político de Sudamérica frente a FIFA.

Y allí aparece el tercer beneficiado: el poder. Cada federación afiliada tiene un voto en la elección presidencial de FIFA. Infantino llegará a marzo de 2027 en medio de cuestionamientos y necesita reconstruir alianzas. No existe prueba pública de que esté intercambiando cupos por votos, y afirmarlo sería irresponsable. Pero resulta legítimo preguntar por qué una reforma que beneficiaría a tantas federaciones cobra fuerza precisamente cuando su presidente necesita apoyos.

Si 64 selecciones mejoran realmente el Mundial, FIFA debería demostrarlo con estudios técnicos independientes, métricas competitivas y argumentos deportivos serios.

Si la justificación termina siendo más ingresos, más cupos y más adhesiones, entonces no estaremos ante una reforma deportiva, sino ante una ampliación de conveniencias.

Reflexión final
El fútbol no necesita que todos lleguen al Mundial. Necesita que quienes lleguen lo merezcan. Cuando una selección entra porque mejoró, gana el deporte. Cuando entra porque el torneo se infló, gana la dirigencia.

Y si el Mundial sigue creciendo cada vez que alguien necesita dinero o votos, algún día habrá que dejar de llamarlo clasificación. Habrá que llamarlo reparto. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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