Miles de escolares peruanos estudian hoy en locales que podrían no resistir una lluvia severa, un huaico o un terremoto intenso. El problema no es nuevo, pero sí cada vez más grave. Más de la mitad de los colegios públicos presenta deficiencias de infraestructura, servicios básicos o conectividad, mientras miles de locales están expuestos a inundaciones y decenas de obras permanecen paralizadas. El Niño y los sismos no son amenazas imprevisibles. Lo verdaderamente alarmante es que todavía encuentren al Estado con aulas dañadas, proyectos inconclusos y respuestas tardías.
Los datos retratan una vulnerabilidad estructural. Especialistas advierten que 26.905 locales educativos públicos requieren sustitución por riesgo estructural, comprometiendo a más de 1,2 millones de estudiantes. CENEPRED, además, identificó 5.084 colegios en riesgo alto por inundaciones y otros 10.982 en riesgo alto.
Y mientras el peligro está perfectamente identificado, la ejecución sigue atrapada en la burocracia. Educación concentra 337 obras paralizadas por más de S/4.019 millones. Dentro de ese universo, 113 corresponden a colegios y centros educativos de etapa escolar y comprometen S/1.179 millones.
Algunos proyectos llevan más de diez años esperando. En otras palabras, niños que empezaron primaria viendo una obra inconclusa podrían haber terminado secundaria sin verla terminada.
El Estado conoce perfectamente las consecuencias. El Niño de 2017 afectó a aproximadamente 3.700 colegios y provocó el colapso de 456 instituciones educativas. En 2023, otra emergencia climática volvió a interrumpir clases en numerosas regiones. Aun así, seguimos repitiendo la arcaica ceremonia nacional: primero ignoramos la advertencia, después declaramos la emergencia y finalmente prometemos reconstruir.
La situación se agrava frente a los sismos. En Lima Metropolitana, la Contraloría detectó daños graves en 144 de 190 colegios inspeccionados. Treinta aulas fueron declaradas inhabitables. Entonces, ¿qué ocurrirá cuando llegue un terremoto realmente extremo?
No basta prometer nuevos colegios. La prioridad debe ser reforzar los existentes, concluir las obras paralizadas y adaptar cada infraestructura a los riesgos específicos de su territorio.
Reflexión final
El Niño y los terremotos no piden permiso. Tampoco esperan licitaciones, cambios de ministros ni ampliaciones de plazo. Si una escuela colapsa después de años de advertencias, no podremos culpar únicamente a la naturaleza. La verdadera tragedia será haber sabido el riesgo y no haber actuado a tiempo. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
