Infantino asiste a torneo juvenil a pesar de advertencia de Concacaf

La crisis de Gianni Infantino ya llegó a un punto insólito: Concacaf le pidió directamente que reconsiderara su presencia en un torneo juvenil Sub-14 en República Dominicana para no convertir una actividad de formación en otro episodio de la tormenta política que rodea a FIFA. El mensaje de Victor Montagliani fue claro: dada la crisis de gobernanza provocada por el fallido FIFA Forward Enterprise, la presencia de Infantino podía desplazar el foco desde los jóvenes hacia la polémica dirigencial. Infantino fue de todos modos.

Lo que debía ser una competencia para hablar de futuro terminó convertido en otro símbolo del presente incómodo de FIFA.

Montagliani no pidió una sanción ni una expulsión. Solicitó prudencia. Argumentó que la crisis podía restarle protagonismo al carácter técnico y formativo del torneo juvenil. Es una preocupación razonable: los protagonistas debían ser los futbolistas Sub-14, no el presidente de una organización cuestionada por su manejo de un proyecto comercial que pretendía abrir parte del negocio del Mundial a inversión privada.

Infantino, sin embargo, mantuvo su agenda. Viajó, se reunió con autoridades y defendió su intención de fortalecer el fútbol juvenil. Formalmente podía hacerlo. Políticamente, el gesto fue otra cosa. Cuando una confederación te pide que no conviertas un torneo de menores en escenario de una crisis institucional y tú decides asistir igual, el problema ya no es protocolo: es falta de lectura política.

La relación con Concacaf está además deteriorada por el rechazo al FIFA Forward Enterprise. La confederación cuestionó la forma en que el proyecto fue planteado, al igual que UEFA y AFC. El plan fue retirado, pero la desconfianza quedó. Y ahora un evento juvenil termina funcionando como termómetro de esa ruptura.

Hay además una contradicción evidente: FIFA habla constantemente de desarrollo, formación y futuro. Pero en esta ocasión, el futuro del fútbol quedó tapado por el presente del poder.

Infantino puede argumentar que su presencia fue institucional y que quería apoyar a los jóvenes. Concacaf puede sostener que su figura desviaba la atención. Lo importante es que la diferencia ya no se esconde. La fractura es pública.

Reflexión final
Un líder no demuestra autoridad apareciendo siempre. También la demuestra cuando entiende que el protagonismo no le corresponde.

Concacaf pidió prudencia. Infantino eligió presencia. Y en una FIFA ya golpeada por cuestionamientos de gobernanza, ese gesto vuelve a dejar la misma sensación: el problema no es solo qué decide Infantino, sino cuánto escucha antes de decidir. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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