En el Perú, una familia de cuatro integrantes necesita al menos S/1.848 al mes para no ser considerada pobre. Esa es la nueva línea de pobreza monetaria reportada por el INEI para 2025, tras elevarse la canasta básica de consumo a S/462 por persona. La cifra parece técnica, pero en realidad describe una tragedia cotidiana: millones de hogares viven haciendo cuentas imposibles para cubrir comida, vivienda, transporte, salud y educación.
El dato más duro es que 8 millones 823 mil peruanos, el 25,7% de la población, no logran cubrir esa canasta básica. Es cierto que la pobreza bajó respecto al 2024 y que 567 mil personas salieron de esa condición. Pero celebrar demasiado rápido sería una falta de respeto a la realidad: seguimos por encima del nivel prepandemia, cuando la pobreza era de 20,2%. Es decir, el país todavía arrastra un rezago de seis años.
La pobreza extrema también golpea con crudeza. El INEI fijó la canasta básica alimentaria en S/260 por persona, lo que implica que un hogar de cuatro integrantes necesita S/1.040 solo para comer. Aun así, 1 millón 614 mil personas no alcanzan ese mínimo. En castellano directo: en un país que presume estabilidad macroeconómica, más de un millón y medio de peruanos no tienen asegurada ni siquiera la alimentación básica.
Lo más preocupante es la vulnerabilidad. El 32,8% de la población puede cubrir la canasta básica, pero está en riesgo de caer en pobreza ante cualquier golpe económico. Una enfermedad, una pérdida de empleo, un alquiler que sube o una deuda familiar bastan para empujar a millones al abismo. Esa no es estabilidad; es equilibrio sobre una cuerda floja.
La canasta básica en alza revela una verdad incómoda: el problema no es solo cuánto cuesta vivir, sino cuánto poco gana una parte enorme del país. Mientras los precios avanzan, los ingresos de muchas familias apenas resisten.
Reflexión final
Un país no puede llamarse exitoso si millones viven debajo de una línea que apenas mide lo mínimo. La pobreza no se combate con discursos, sino con empleo digno, servicios públicos reales y políticas que lleguen antes de que la olla quede vacía. (Foto: Infobae).
