La industria cervecera peruana es mucho más que una actividad de consumo masivo: es una cadena productiva formal, tributaria y comercial con fuerte impacto en la economía nacional. Según la Sociedad Nacional de Industrias, el sector aporta más de S/5.262 millones en impuestos al año, una cifra que confirma su relevancia para la recaudación fiscal, el empleo y el comercio minorista. Este desempeño abre también un debate necesario sobre cómo mantener la competitividad sin debilitar el aporte del sector al país.
El peso tributario de la cerveza es considerable. El Impuesto Selectivo al Consumo representa el 68% de la recaudación fiscal del sector y concentra una parte importante de los ingresos generados por este tributo. Este aporte convierte a la industria cervecera en uno de los contribuyentes relevantes dentro de la economía formal, especialmente en un contexto donde el país necesita fortalecer sus ingresos públicos sin frenar la inversión privada.
El impacto empresarial también se observa en su estructura productiva. El sector reúne 321 empresas industriales formales, de las cuales el 95% son microempresas. Además, genera empleo directo para más de 3.700 personas y se conecta con más de 350.000 bodegueros, quienes obtienen alrededor del 30% de sus ingresos por la venta de cerveza. Esta red demuestra que cada eslabón, desde la producción hasta la venta minorista, cumple un papel importante en la economía cotidiana.
Uno de los puntos más interesantes es la diversificación del mercado. Las cervezas artesanales y las bebidas sin alcohol representan nuevas oportunidades de crecimiento, innovación y formalización. Sin embargo, la actual estructura tributaria plantea retos, especialmente para las micro y pequeñas empresas, que enfrentan cargas similares a las de operadores de mayor escala. Por ello, el debate sobre el ISC debe buscar equilibrio: proteger la recaudación, pero también estimular la inversión, la formalidad y la competencia.
En ese contexto, la discusión del Proyecto de Ley 536/2021-CR, que propone que las tasas del ISC solo puedan modificarse por ley, plantea una reflexión empresarial relevante: la previsibilidad normativa es clave para planificar, invertir y crecer. Al mismo tiempo, el Estado necesita herramientas fiscales eficientes. El desafío está en diseñar reglas estables, técnicas y sostenibles.
La industria cervecera demuestra que un sector puede aportar impuestos, empleo, innovación y movimiento comercial al mismo tiempo. Su futuro dependerá de una política fiscal que combine responsabilidad recaudatoria con visión productiva.
Reflexión final
Cada vaso cuenta cuando detrás existe una cadena formal que produce, distribuye, vende y tributa. El reto es que esa cadena siga creciendo con responsabilidad, competitividad y espacio para nuevos emprendedores. (Foto: lacajanegra.blog).
