Estadio Nacional: deporte primero, conciertos nunca más

El Perú volverá a invertir una suma millonaria en el Estadio Nacional con miras a Lima 2027. La remodelación debería ser una oportunidad histórica para corregir una política que durante años confundió patrimonio deportivo con local de alquiler: después de los Juegos Panamericanos y Parapanamericanos, el Estadio Nacional debe quedar reservado prioritariamente para el deporte y dejar de funcionar como escenario habitual de conciertos, festivales y reuniones multitudinarias ajenas a su razón de existir.

Porque resulta absurdo gastar millones en recuperar infraestructura pública para después exponerla nuevamente al deterioro y obligar al propio Estado a pagar la recuperación. Privatizar la ganancia y socializar el desgaste no es gestión; es administrar el patrimonio deportivo al revés.

El Instituto Peruano del Deporte tiene una misión clara: promover y desarrollar el deporte. No fue creado para convertirse en una agencia de alquiler de escenarios. Sin embargo, el Nacional ha terminado funcionando demasiadas veces como una caja registradora donde el calendario comercial compite con futbolistas y atletas por ocupar el recinto.

Y aquí aparece una cifra que obliga a tomarse el tema con mucha más seriedad: la intervención vinculada a Lima 2027 contempla una inversión superior a S/145 millones en infraestructura deportiva, incluyendo una remodelación importante del Estadio Nacional. Cuando el Estado compromete recursos de esa magnitud, ya no estamos hablando de un recinto cualquiera, sino de un activo público que debe ser protegido con una política de uso coherente y permanente.

Cada concierto puede dejar ingresos, sí. Pero la cuenta sería debe incorporar también el costo de proteger y recuperar el césped, reparar instalaciones, restringir entrenamientos, alterar programaciones y devolver al estadio las condiciones que jamás debió perder. Si después del espectáculo hay que gastar para reparar aquello que se alquiló, quizá el lucrativo negocio no sea del Estado, sino del empresario que entrega las llaves al terminar la función.

Y hay preguntas que deberían responderse con transparencia: ¿cuánto recauda realmente el IPD por esos alquileres?, ¿cuánto cuesta después recuperar el campo?, ¿cuál es el beneficio neto para el deporte peruano? También deberían publicarse las cortesías, invitaciones y beneficios asociados a cada contrato. El patrimonio público necesita cuentas claras, no zonas grises.

La remodelación de Lima 2027 tampoco puede quedarse en pintura, baños y señalética. El Nacional debe recuperar una pista atlética reglamentaria y plenamente funcional. Haber reducido durante años la capacidad de una pista ubicada en el principal estadio deportivo del país es la clase de decisión que explica por qué el atletismo termina mendigando espacios mientras otros negocios ganan metros.

La televisión merece otra corrección impostergable. Resulta insólito que el escenario emblemático del Perú continúe sin una auténtica cabina profesional de televisión bajo estándares internacionales. Modernizar un estadio sin modernizar su infraestructura audiovisual sería inaugurar el futuro transmitiéndolo desde instalaciones del pasado.

Después de Lima 2027 debería existir una política permanente: fútbol, atletismo, selecciones nacionales y eventos deportivos de envergadura primero. Los conciertos tienen numerosos espacios posibles; el deporte peruano no dispone de otro Estadio Nacional.

Reflexión final
Lo verdaderamente escandaloso no sería que el Estado deje de ganar dinero alquilándolo. Sería seguir creyendo que alquilarlo constituye un éxito mientras el deporte paga las consecuencias.

El Nacional no necesita administradores orgullosos de llenar fechas comerciales. Necesita autoridades capaces de proteger una inversión que pertenece a todos.

Si después de gastar más de S/145 millones en infraestructura deportiva volvemos a colocar escenarios sobre el campo, reducir espacios para entrenar y reparar lo que los negocios privados deterioran, Lima 2027 no habrá modernizado el Estadio Nacional: apenas habrá financiado su próxima reparación. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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