El próximo 4 de octubre, más de 26 millones 314 mil peruanos elegirán a 13 148 autoridades regionales y municipales. Una cifra gigantesca que debería representar una fiesta democrática, pero que también puede convertirse en una fábrica de nefastos gobiernos si el voto vuelve a entregarse por simpatía, propaganda o memoria corta.
Porque elegir autoridades no es escoger al personaje más conocido del afiche. Es entregar presupuesto, contratos, obras, seguridad y poder político durante cuatro años. Y cuando se elige mal, la factura no la paga el candidato derrotado: la paga el ciudadano.
Según la ONPE, se elegirán 25 gobernadores, 25 vicegobernadores, 364 consejeros regionales, 196 alcaldes provinciales, 1 696 alcaldes distritales, 1 724 regidores provinciales y 9 118 regidores distritales.
La dimensión obliga a mirar más allá del candidato principal. Miles de regidores y consejeros tendrán capacidad de fiscalizar, aprobar presupuestos, respaldar decisiones y, en determinados casos, reemplazar a alcaldes o gobernadores. Sin embargo, una significativa parte de la campaña seguirá vendiendo rostros mientras las listas completas permanecen en segundo plano.
Y ahí comienza el problema. En un proceso donde ya se discuten candidatos con antecedentes, renuncias estratégicas, posibles reelecciones encubiertas y débiles filtros partidarios, pedir al elector que confíe simplemente en un símbolo sería casi un acto de fe.
El Estado desplegará más de 10 mil locales de votación y más de 800 mil ciudadanos fueron sorteados como miembros de mesa. Habrá capacitación, padrones, ánforas y logística. Todo muy ordenado en el papel.
Pero ninguna organización impecable salva una elección con malas alternativas.
La ONPE puede instalar mesas; el JNE puede fiscalizar candidaturas; Reniec puede entregar el padrón. Ninguna institución puede reemplazar la responsabilidad de los partidos de presentar personas competentes, ni la obligación del elector de investigar antes de entregar poder.
Las ERM 2026 no deberían convertirse en otro festival de promesas imposibles, candidatos improvisados y listas armadas para completar casilleros. Elegir 13 148 autoridades exige elevar el nivel de exigencia ciudadana.
Reflexión final
El 4 de octubre no estaremos escogiendo únicamente alcaldes y gobernadores. Estaremos entregando las llaves de miles de municipalidades y gobiernos regionales.
Después será demasiado tarde para preguntar quién era el regidor, qué antecedentes tenía el alcalde o por qué nadie revisó la hoja de vida.
La democracia ofrece el voto; no incluye garantía contra decisiones irresponsables. Votar sin informarse también tiene consecuencias, y duran cuatro años. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
