Gianni Infantino quería llegar a marzo de 2027 con una reelección prácticamente administrada. En cambio, cada semana suma una nueva grieta. Nueva Zelanda retiró oficialmente su apoyo y se incorporó al grupo de federaciones que considera imprescindible una revisión independiente de la FIFA, mientras crece la exigencia de mayor transparencia, gobernanza y rendición de cuentas.
Ya no es una protesta aislada. Irlanda, Finlandia, Gales, Inglaterra, Suecia, Serbia y Países Bajos también se distanciaron. El problema para Infantino ya no consiste en apagar una polémica: consiste en detener una fuga política que empieza a tener estructura.
El detonante sigue siendo FIFA Forward Enterprise, el proyecto que pretendía abrir a capital privado alrededor del 20% de determinados derechos comerciales de las competiciones FIFA por unos US$4.200 millones. La propuesta fue retirada, pero el daño institucional permanece.
Nueva Zelanda fue directa: determinadas decisiones dentro de la FIFA han contribuido al deterioro de la confianza y a una mayor división del fútbol internacional. Por eso exige una revisión independiente. No una investigación organizada por los mismos despachos cuestionados, sino un examen capaz de recuperar credibilidad.
La diferencia es significativa. Infantino ha intentado presentar el episodio como un problema de comunicación. Sus críticos hablan de algo mucho más grave: problemas de criterio, consulta y ejercicio del poder.
Mientras aumentan las deserciones, el presidente conserva un bloque de protección. CAF y Conmebol respaldan su continuidad, al igual que federaciones como Qatar, Marruecos, Egipto, Mauritania, Líbano y Sudán. Donald Trump también salió públicamente a defenderlo.
El mapa empieza a ser revelador: unas federaciones exigen controles independientes; otras ofrecen respaldo político casi inmediato. Unas preguntan cómo se gobierna FIFA; otras parecen más preocupadas por quién seguirá gobernándola.
Infantino todavía tiene votos, dinero, estructura y aliados. Lo que ya no tiene garantizada es la obediencia automática.
La retirada de Nueva Zelanda importa porque demuestra que la rebelión ya cruzó fronteras continentales. Europa no está sola y el malestar dejó de ser exclusivamente una disputa entre UEFA e Infantino.
Cada nuevo retiro convierte la elección de 2027 en algo que hace unos meses parecía improbable: una verdadera batalla por el control de FIFA.
Reflexión final
Un presidente poderoso no necesita que sus federaciones permanezcan calladas. Necesita que confíen en él.
Y cuando cada semana aparece otra asociación diciendo públicamente que esa confianza se deterioró, el problema ya no puede atribuirse a una deficiente campaña de comunicación. Infantino todavía puede conservar el cargo. Lo que cada vez resulta más difícil es conservar la narrativa de que el fútbol mundial sigue unido detrás de él. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
